Comentario al libro VI de la Metafísica de Aristóteles

Autor: Burdon

A O EL MUNDO DE UNA MUJER

Aristóteles nació en Estagira, en Tracia, el año 384 a.C., y murió en la isla de Eubea, en el 322 a. C., de una enfermedad del estómago (por tanto darle al tarro).


El libro VI de la Metafísica de Aristóteles se nos presenta como puente de enlace con la Filosofía anterior al Estagirita.


En dicho libro se aparta del estudio que empezaba a desarrollar en los libros que le precedían, replanteándose de nuevo una clasificación de las ciencias, y es en este momento cuando aparece una vez más la Teodicea como Filosofía Primera y Universal, precisamente por ser primera. Así, identifica, en cierta manera, la Teodicea y la Ontología como una única ciencia: La Filosofía Primera.


Ahora bien, en este libro de la Metafísica de Aristóteles, el Filósofo se centra sobre todo en el estudio del Ente por accidente, más precisivamente en los accidentes que concurren al Ente. Por otra parte, afirma reiteradamente que el estudio de los accidentes, de suyo, no son motivo de ciencia.


En el libro que nos ocupa, Aristóteles, divide simplemente las sustancias en mutables e inmutables. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la metafísica se ocupa del Ser, y, lo estudia, ante todo, en la categoría de sustancia, no en la de ser accidental, que, como ya aclaramos anteriormente, no es objeto de ciencia. Ni lo estudia tampoco en su aspecto de verdadero puesto que la verdad y la falsedad existen sólo en el juicio y no en las cosas.


La distinción entre accidente y sustancia no responde a la consideración del fundamento ultimo del ser, sino a la consideración de la forma de existir del mismo ser. Esta distinción la mantiene Aristóteles como evidente por sí misma. Si nuestro lenguaje y nuestro pensamiento nos lleva a admitir este substrato es porque, con plena evidencia, en eso mismo están en consonancia con el ser y la estructura del ser. Espíritu y Ser se corresponden. Si predicamos de un sujeto ciertos sucesos o cualidades transitorias es porque están y se dan en dicho sujeto. Lo esencial es que los accidentes, en general, implican una relación íntima con el ser real de la sustancia. Por ello expresan más o menos inmediatamente, el ser de ella.


Pero ¿Qué se entiende por accidente? En el orden Metafísico, el accidente es lo que determina ulteriormente una sustancia ya de por sí constituida en un grado del ser, por ejemplo, un accidente ontológico sería la actividad pensante respecto del alma; el accidente determina, de esta forma, la sustancia en sí misma, como la cantidad o cualidad (accidentes absolutos), o con relación a otra cosa, como por ejemplo, las determinaciones espaciales y temporales (accidentes relativos).


La Forma accidental difiere de la forma substancial en que ésta constituye fundamentalmente la esencia de una cosa (así, el alma al cuerpo en cuanto cuerpo vivo) y aquella -la forma accidental-, por el contrario, supone dicha esencia ya acabada y constituye un ulterior determinante de la sustancia.


El accidente no puede jamás existir como sustancia; por su naturaleza requiere un sujeto de inherencia. La inherencia del accidente a la sustancia, a pesar de la distinción real entre ambos, no debe concebirse como algo extrínseco, sino como una unión interna entítativa.


En resumen, Aristóteles pretende que este libro VI de su Metafísica sea una transición a la Metafísica Antigua. En él replantea la clasificación de las ciencias, pasando luego a unos capítulos de transición que estudian las acepciones del Ente.


TEXTOS:


"Buscamos los principios y las causas de los entes, pero es claro que en cuanto entes" (Met., VI 1; Bk. 1025b 1-2).


"Por ser propio de la misma operación del entendimiento mostrar la quididad y su existencia" (Met., VI 1; Bk. 1025b 17-18).


"La Ciencia primera versa sobre entes separados e inmóviles. Ahora bien; todas las causas son necesariamente eternas, y sobre todo éstas; porque éstas son causas de los entes divinos que nos son manifiestas.


Por consiguiente, habrá tres filosofías especulativas: La Matemática, la Física y la Teodicea (pues a nadie se le oculta que, si en algún lugar se halla lo divino, se halla en la naturaleza), y es preciso que la más valiosa se ocupe del género más valioso. Así, pues, las especulativas son más nobles que las otras ciencias, y ésta, más que las especulativas" (Met., VI 1; Bk. 1026a 16-24).


Si hay alguna substancia inmóvil, ésta será anterior y Filosofía primera, y universal precisamente por ser primera; y a ésta corresponderá considerar el Ente en cuanto ente, su quididad y las cosas que le son inherentes en cuanto ente. Mas, puesto que "Ente" dicho sin más tiene varios sentidos, uno de los cuales es el Ente por accidente, y otro el Ente como verdadero; y el No-ente como falso, y, aparte de éstos, tenemos las figuras de la predicación..., y, todavía, además de todos éstos, el Ente en potencia y el Ente en acto" (Met., VI 2; Bk. 1026a 30-36).


"El accidente, en efecto, parece tener cierta afinidad con el No-ente. Y es evidente también por razones como la siguiente: porque de las cosas que son de otro modo hay generación y corrupción, pero, de los entes por accidente, no" (Met., VI 2; Bk. B 22-25).


"Pues a lo que ni es siempre ni generalmente, a eso llamamos accidente" (Met., VI 2; Bk. 1026b 32-33).
"La causa de lo que es o deviene por accidente es también por accidente. De suerte que, puesto que no todas las cosas están por necesidad y siempre en el ser o en el devenir, sino que la mayoría están sólo generalmente, es necesario que exista el Ente por accidente..., de suerte que la materia, que admite otro modo además del que se da generalmente, será causa del accidente" (Met., VI 2; Bk. 1027a 7-14).
"Es preciso, en efecto, que esté definido o por el "siempre" o por el "habitualmente" (Met., VI 2; Bk.1027a 21-23).


"Y que hay principios y causas generables y corruptibles sin que se generen ni corrompan, es evidente. Pues, si no es así, todas las cosas serán por necesidad, si necesariamente ha de existir alguna causa no accidental de lo que se genera y corrompe. En efecto, ¿sucederá tal cosa o no? Sí, si se produce tal otra; pero, si no, no. Y ésta se producirá si se produce otra. Y así, es evidente que, restando incesantemente tiempo a un tiempo finito, se llegará al presente" (Met., VI 3; Bk. 1027a 29-35).
"Pero hemos de indagar sobre todo a qué principio y a qué causa nos lleva esta reducción, si a la causa material o a la final o a la eficiente"(Met., VI 3; Bk 1027b 14-16).


"Lo verdadero, en efecto, implica la afirmación en el compuesto y la negación en lo dividido, y lo falso, la contradicción de esta partición; pero cómo se realiza el pensar simultánea o separadamente es otra cuestión; y digo "simultáneamen