Primer
Comentario al Libro IV de la metafísica de Aristóteles
Autor: Burdon
A O EL MUNDO DE UNA MUJER

Aristóteles nació el año 384 a.C., en Estagira, en el norte de la Grecia actual, y murió el año 322 a.C., en Calcis.
El concepto de ser para Aristóteles, corresponde a la sustancia primera, es decir, al ser concreto, individual, independiente. La sustancia es aquello que ni se predica de un sujeto ni está en un sujeto. Es el último sujeto de predicación y el fundamento del ser de los accidentes.
La sustancia responde, pues, a una forma de la mente, como un último sustrato predicacional. Pero (la sustancia es algo más que una mera forma mental); el ser también es mirado con arreglo al esquema formal de la predicación, ese es el camino ontológico. La experiencia nos da dos clases de ser:: el que sólo existe si se apoya en otro -el accidente-, y el ser que existe en sí mismo, con una cierta subsistencia propia; es el propio y esencial ser, es la sustancia. Al hallarse los accidentes en la sustancia ésta será lo permanente frente a lo variable, lo inteligible y nouménico frente a lo aparencial y fenoménico.
Todo esto, sin embargo, no nos explica aún el origen y fundamento de este existir independiente. El ser en sí no equivale a un ser por sí. La distinción entre el accidente y la sustancia no responde a la consideración del fundamento último del ser, sino a la consideración de la forma de existir del mismo ser. Esta distinción la mantiene Aristóteles como evidente por sí misma. Si nuestro lenguaje y nuestro pensamiento nos llevan a admitir este sustrato es porque, con plena evidencia, en eso mismo están en consonancia con el ser y la estructura del ser. Espíritu y ser se corresponde.
Si predicamos de un sujeto ciertos sucesos o cualidades transitorias es porque están y se dan en él. Lo esencial es que los accidentes, en general, implican una relación íntima con el ser real de le sustancia. Por ello expresan, más o menos inmediatamente, el ser de ella.
Ahora bien: Aristóteles no se queda en la sustancia primera, avanza un paso más y se pregunta “qué es aquello que hace que la sustancia primera sea lo que es”. En otras palabras: viene como a suponer una esencia de la esencia. El individuo Sócrates, es el fundamento, como sustancia, de todos los fenómenos vinculados a él. Pero ¿qué es propiamente esta misma sustancia Sócrates? Responde: Sócrates es hombre. Es decir, viene a entender ahora lo que es Sócrates desde lo general, desde la especie. Esto universal y específico constituye su ser esencial: es la sustancia segunda.. Y esta sustancia es para Aristóteles, en cuanto a la naturaleza o según la naturaleza, algo anterior o más conocido. Aparece de nuevo una idea fundamental: “el universal se declara más importante que el singular”, ya que el individuo, ahora, ha de ser entendido desde el universal. Aristóteles no se ha desprendido aún de todo el platonismo. Si bien es cierto que introduce en contra de Platón la sustancia primera como ser primariamente tal, también es cierto que luego pone el fundamento de ella en la sustancia segunda y vuelve a ser platónico.
Con este concepto de sustancia segunda, que es ser y esencia de la primera, llegamos a uno de los conceptos fundamentales del aristotelismo: el concepto de forma. ¿Cuál es el sentido de la palabra forma? En el sentido de que un determinado ser está especificado en su peculiaridad ontológica en virtud de la sustancia segunda, puede concebirse este "eidos" como forma. En un sentido no visual, claro está, sino lógico-ontológico, como algo determinante, configurador, dador de ser.
El conjunto de la teoría de la forma, con su correlativo la materia, recibe le nombre de hilemorfismo. Hay que considerar la forma no como un simple término de un proceso, antes bien, como algo que determina, desde el comienzo mismo, todo el proceso del devenir.
Detrás de todos los fenómenos está siempre, como alma del acontecer, la forma. Con ello reincidimos de nuevo en el "eidos" platónico. De hecho, en efecto, es éste el papel que desempeña la forma aristotélica, pues la forma determina la "quididad" o esencia, tanto en el orden lógico como en el ontológico. Es el ser auténticamente tal. Y también para Aristóteles son eternas les formas. Solo que, para él, la forma es inmanente al ser corporal, no separado del mundo visible. De esta forma, la realidad del mundo no esta ya en la idea; es la idea le que está ya en el mundo. La forma no aparece en su universalidad descarnada, sino en su concreta e individual realización. La que actúa en el mundo no es la sustancia segunda -como en Platón-, sino la sustancia primera. Aunque la forma tenga en sí el principio de la actividad, no la ejercita sino en virtud de su real vinculación al espacio y al tiempo.
Esta presencia insistente del individuo en el orden de la actividad con su contraposición forzada sin mundo universal de la forma, nos lleve al problema de la individuación.
La forma, hemos dicho, que es universal: es una sustancia segunda. ¿De dónde nace entonces el ser individual concreto, la sustancia primera? El fundamento de ello, nos dice Aristóteles, está en la materia.
RESUMEN DEL LIBRO IV:
Aristóteles se plantea de nuevo cuál es la meta última de la metafísica. De improviso el capítulo primero nos dice que es “el estudio del ente en cuanto ente”, y en el libro IV nos describe los diversos sentidos en que se predica la idea de ente. Establece su referencia primaria a la sustancia y sienta las bases de la predicación analógica del ente. Y a continuación expone y justifica los principios primeros de las coses y el saber.