Autor: _X^Man-26
Estos días nos enfrentamos a un problema relativamente sencillo y tan viejo como el hombre mismo. La violencia, justicia y paz en relación al poder.
Los españoles nos hemos acostumbrado, desde hace 25 años, a vivir en un país que tiene un sistema político llamado Democracia en el que teóricamente todas las opiniones valen lo mismo, puesto que cada voto cuenta lo mismo. Nuestros países vecinos también utilizan el mismo sistema político, con pequeñas variaciones, y a todos nos parece que esto es lo bueno y lo normal.
No solemos pararnos a pensar que la violencia es la base de sustentación de nuestra forma de vida y la rechazamos de plano, ingenuamente. Sin embargo, cada vez que un juez aplica nuestras leyes sobre el reo, la sociedad emplea la violencia ejercitada por el alguacil de la sala o el policía nacional que obliga al reo a cumplir condena.
Las multas de tráfico no tendrían ninguna validez si no hubiese un sistema de embargos por el cual nos vemos obligados a pagar, de forma violenta puesto que nos quitan el dinero por la fuerza. La Democracia misma no tendría sentido si no existiese una Policía y un Ejercito velando porque ningún grupo se salte las normas del juego y haga un golpe de Estado.
El hombre, tal y como decía Hobbes es lobo para el hombre. Es decir, somos una especie violenta por naturaleza aunque eso no debería de extrañarnos dado que no hay ni una sola especie sobre la faz de la tierra que no sea violenta de una u otra forma. Esto quiere decir que la violencia es buena dado que es universal y todos los seres de este planeta la utilizamos.
El problema es contra quien se ejercita dicha violencia. Cuando la violencia recae sobre nosotros diremos que es mala, pero cuando recae sobre otro y obtenemos algo a cambio, diremos que es buena. Cuando recae sobre otro y no ganamos nada, nos parece indiferente o mala. La violencia, igual que la moral, es siempre relativa.
El macho de la especie humana tiende a construir estructuras jerarquizadas y a apuntalarla con formas más o menos sutiles de violencia, que impiden a otros humanos usurpar su cuota de poder. Estas formas de violencia pueden ser todo tipo: desde amenazas económicas, laborales, emocionales, de exclusión de grupo hasta por supuesto, la violencia física directa. Como decía el famoso explorador británico Dr. Livingston No hay símbolo que provoque mayor temor que una cabeza clavada en un palo, refiriéndose a la amenaza física explicita provocada por la visión de dicho símbolo en las sociedades tribales africanas.
Como vivimos en una sociedad democrática, donde hablar sobre la violencia suele ser un tabú aunque la ejercitemos constantemente (algo parecido a lo que nos ocurre con el sexo), pensamos que las relaciones internacionales son también democráticas y no violentas. Creamos instrumentos como la ONU y el Derecho Internacional pensando en que una justicia planetaria es posible gracias a una supuesta bondad intrínseca en el ser humano.
El grave error de fondo es no darse cuenta que para aplicar toda forma de justicia hace falta la violencia contra el que no la cumple. Y esa violencia la ejerce el más fuerte o un aliado del más fuerte.
El mas fuerte, por tanto, tiene tres opciones: Quedarse fuera de la Ley gracias a su inmunidad física (el caso de USA y su inmunidad frente al tribunal penal internacional), Dictar las leyes a su gusto (aplicando su moral emic), o si se le convence y le interesa, ser el gendarme de las leyes internacionales que se votan democráticamente entre todos los países del mundo.
Esta tercera opción, que es la que ingenuamente muchos pensaban que era la imperante hasta el momento, se cambia en función de los intereses del grupo mas fuerte, que hoy en día es USA, pero mañana puede ser China o Europa.
Estados Unidos por tanto, no hace más que seguir el dictado biológico humano de aplicar su fuerza contra el que le amenaza y/o por sus propios intereses. Dado que EEUU es el mas fuerte, a su fuerza la llama aplicación de la justicia y al nuevo equilibrio post-guerra, paz.
¿Es esto bueno o malo? Ni lo uno ni lo otro, puesto que nada es bueno ni malo universalmente sino que el bien y el mal se refiere siempre a un grupo o sujeto, que es el que decidirá en función de sus intereses.
Para que fuese posible un mundo como el que piden los pacifistas bienintencionados, pero ingenuos, que estos días se manifiestan por las calles, sería necesario que todos tuviésemos el mismo poder de destrucción, o bien sea nulo o bien sea capaz de provocar la destrucción planetaria.
Dada la naturaleza violenta del ser humano, me inclino a pensar que solo llegaremos a un estado de paz real cuando todos tengamos armas de destrucción planetaria, tal y como ha ocurrido con USA y Rusia, que decidieron no agredirse ante la evidencia de una destrucción total.
_X^Man-26