Autor: Lemuel
Pero, en fin, no nos enrollemos y vayamos a lo que íbamos: que resulta que don Leonhard Euler, como era previsible dada su plurilateral y vertiginosa actividad científica, se convirtió también de hecho en el precursor o “inventor” de esta rama de la matemática, en concreto de la teoría de grafos o de redes. Y eso ocurrió en 1735, cuando resolvió sin darle mayor importancia el célebre problema de los siete puentes de la ciudad de Königsberg, luego llamada Kaliningrad.
En el río Prezel
que atraviesa la urbe existen dos islas unidas por un puente. Además,
en una de las islas había dos puentes que la conectaban con cada
una de las dos orillas del río, y la otra isla tenía cuatro
puentes, dos de ellos hacia una orilla y los otros dos hacia la otra.

Para resolver la cuestión, Euler hizo abstracción y eliminó del escenario físico todos aquellos elementos geométricos secundarios que dificultaban la percepción exacta del problema. Consideró tan solo la red formada por los siete puentes, que se convirtieron en líneas o aristas, y los puntos o zonas unidas por ellos, que pasaron a ser simples vértices.

Con respecto a los vértices, cualquiera de ellos que no sea punto de partida o de llegada de un recorrido debe tener un número par de aristas que confluyan en él, ya que tales aristas pueden hacerse corresponder con pares “camino de entrada/ camino de salida”. Ahora bien, cada uno de los cuatro vértices tiene un número impar de aristas concurrentes, por lo que no puede existir ningún recorrido que satisfaga la condición impuesta. Es decir: no existe posibilidad ninguna de dar un paseo que cruce cada puente de Königsberg una y solo una vez.
Una
vez que le han explicado a uno este tipo de problemas, uno dice: ¡bah,
qué tontería!, ¡más fácil, imposible! Pero
lo verdaderamente meritorio es sobre todo que haya siempre a mano un Leonhard
Euler que piense un poco por nosotros y nos explique luego estas facilísimas
tonterías.