Autor: Lemuel
Gentes
tan cultas como éstas… ¿No saben, o es que acaso no pueden
(o no les dejan) escribir mejor?
La cuestión me la suscita todos los días el hecho cierto de que la propiedad en el uso del lenguaje tiene hoy peligrosas connotaciones “radicales”. O, dicho de otra manera: que, en los tiempos presentes, la corrección gramatical y lingüística es un valor de izquierdas, un signo de incorrección política. Entender y dar a entender lo que pasa, hablar con claridad acerca de los hechos, se ha vuelto irremediablemente subversivo. Y, en consecuencia, lo aconsejable y bien visto, y lo obligatorio en los media, es hoy la ambigüedad y la confusión expresivas, el retorcimiento conceptual, la falsificación de significados. Es decir, la vieja, acreditada y utilísima neoparla orwelliana.
¿O serán figuraciones mías?
“Mueren 18 milicianos chiíes al impedir la entrada de soldados de EE. UU. en un templo”, es un subtitular de la polancada de hoy, pág. 6.
“Mueren al impedir”. Qué cosa fascinante. Qué cosa prodigiosa. Ellos, los dieciocho milicianos chiíes, “impiden” y, al impedir, como consecuencia de que impiden, “mueren”. “Impedir” equivale por allá, en Iraq, a “morir”. Del mismo modo que aquí, p. ej., “ingerir un cuartillo de estricnina” equivale a “morir”. O que “lanzarse imprudentemente a la calle desde el piso vigésimo-cuarto de la Torre de Madrid” equivale también a “morir”. En ciertas circunstancias, pues, sucede que: tú impides, y al impedir, por el hecho mismo de impedir, mueres. Digamos, por poner un ejemplo, que te topas (Dios no lo quiera) con soldados de EE. UU. a la entrada de un templo. Si, debido a tu mala cabeza, tienes la mala ocurrencia de “impedirles”, o sea, la entrada al templo, entonces ¿qué ocurre? Pues entonces ocurre que “mueres”, como es natural. Podría afirmarse que se trata en este caso, si bien se mira, de un impedimento mortífero, letal.
¡Ojo! Entiéndase bien. No es que ellos “te maten”, no. No es que “te asesinen”, no. No es que “te agujereen limpiamente el cráneo”, no. En realidad lo que sucede es que mueres tú mismo al ponerte a “impedir”, por el hecho mismo de “impedir”. Eo ipso, vaya, como decimos los latinistas.
En la letra pequeña (pero ¿quién coño tiene tiempo y ganas de leerse la letra pequeña?) las cosas se aclaran a veces un poco, es decir, la redacción de la noticia incurre a veces en el terreno inevitablemente subversivo de la propiedad gramatical y lingüística. Pero ya digo: eso ocurre solo a veces, no siempre. De hecho, últimamente, en los órganos del Régimen, se está logrando eludir también esa trampa con éxito notable.
Por ejemplo, en este caso, los polanqueros no han creído necesario hacer tampoco ninguna concesión de caja baja, por decirlo así. De modo que, también en la letra pequeña. uno puede leer, si tiene humor para ello (y yo, ya, poniéndome las gafas de hipermétrope, con dioptría y media en cada cliso) cosas como: “Al menos veinte iraquíes perdieron la vida en el barrio de Ur, al norte de la capital, cuando tropas norteamericanas abrieron fuego…”
Un simple accidente sincrónico, como se ve: los veinte o más iraquíes perdieron la vida al mismo tiempo (o quizá un par de segundos después) que las tropas norteamericanas abrieron fuego. ¿Alguna relación de causa-efecto? No, por Dios, qué cosas dices. No hay que ser tan mal pensados.
Antiguamente (“antes de la guerra”, según frase de mi ingenuo abuelo Avelino) la cosa se habría redactado así: “Al norte de la capital, en el barrio de Ur, veinte iraquíes fueron asesinados por tropas norteamericanas, etc.”
Pero hoy…
Cómo
redactan hoy estos chicos, al dictado de Washington. ¿O eso es también
pensar mal? ¿O es que redactan motu proprio de esa manera
tan indecente?