Autor: Lemuel
1. Derogar de un plumazo la desfachatada y parafascista ley ad hoc “de partidos”, que tan gravemente ofende y criminaliza a la izquierda abertzale vasca.
2. Erradicar de una buena vez la brutal tortura y los malos tratos policiacos que rutinariamente se aplican a los presos políticos vascos.
3. Aproximar de inmediato a sus lugares de origen en el País Vasco a los susodichos presos políticos vascos.
Esas son, en mi opinión, las tres elementales medidas previas que el gobierno de los obreros y de los socialistas españoles deberían adoptar enseguida para que cupiese hablar propiamente del inicio de un real proceso de paz en el País Vasco. En cuanto a las excelentes intenciones, los educados talantes, las sonrisas luminosas, los coquetos hoyuelos, las cejas picudas y la huera palabrería neoliberal, todo eso puede esperar, en mi modesta opinión, hasta una fase ya más adelantada y madura del proceso de paz.
Hace un par de días tuve ocasión de leer algunas sensatas palabras del abogado sudafricano Brian Currin, antiguo colaborador de Nelson Mandela, a quien el papel de don Jesús del Gran Poder presentaba maliciosamente en el titular como “asesor de Batasuna”. “¿Cuáles son los aspectos mecánicos para que el proceso de paz vasco prospere?”, preguntaba el currinche o juntaletras de turno al señor Currin. Y he aquí la respuesta de Currin:
«Mientras Batasuna siga siendo un partido ilegal, mientras no se vea algún movimiento en el tema de los presos de ETA, mientras sigan pendientes procesos judiciales contra gente que participaría en negociaciones, mientras Batasuna no pueda llevar a cabo manifestaciones como los demás partidos, sencillamente no se puede llevar a cabo un proceso de paz.»
Más adelante, el chupatintas pedía a Currin su opinión acerca de las palabras del Hoyuelos de que “en la búsqueda de la paz no se va a pagar ningún precio político”. Y Currin contestaba:
«La idea es fundamentalmente errónea. Cuando se inicia una negociación nunca se debe decir lo que uno está dispuesto a hacer o no hacer, porque así uno se autolimita la movilidad.»
Yo creo, sin embargo, que aquí Brian Currin se queda muy corto. Pues lo fundamental no es eso que dice, ni mucho menos. Lo fundamental es que el asunto este de “la búsqueda de la paz”, o sea, el llamado proceso de paz, o bien es una negociación política o bien es solo una ceremonia sin sentido, un irresponsable montaje propagandístico de ruido y color, de fuegos de artificio. Si es en efecto una negociación política seria, todo el mundo sabe que, en tales negociaciones, las partes negociantes, pagan de manera obligada precios, y que tales precios tienen obligatoriamente un carácter político, y no filosófico o sentimental.
(Por cierto que, en relación con las rutinarias torturas policiacas que toco arriba, en mi punto 2, leo hoy en el papel una cosa de verdad estupenda. Transcribo:
“El juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón dictó ayer un auto en el que ordena la grabación en vídeo o DVD de los 11 islamistas (sic) detenidos en Ceuta durante todo el período que permanezcan incomunicados en celdas o dependencias policiales (sic). La medida se hará extensiva a todos los detenidos de ETA.” (Estas negritas son mías, que no soy racista. L.)
¡Por ahí se empieza, carajo! ¡Así los presos políticos no podrán seguir obedeciendo la “consigna de ETA” de la que hablan siempre los descerebrados defensores de la tortura policiaca! ¡Este tío Garzón parece capaz hasta de hacer justicia de vez en cuando, con tal de que se hable de él en los media todos los días!
Habrá que seguir este asunto muy atentamente.)