Yolanda o el mundo de una mujer

Autor: Pollopato

A O EL MUNDO DE UNA MUJER

 

Ella estaba callada, mirando hacia el armario que se hallaba de frente, pero su mente se hallaba muy lejos de su marido, que estaba a su lado expulsando la ceniza de su cigarrillo nerviosamente. El no soportaba ese silencio y decidió quebrantarlo con preguntas, a sabiendas, estúpidas:

-Oye. ¿Qué quieres que haga?.

Ella giró su cabeza para mostrarle una mirada asqueada. El no quiso tomarla en cuenta y prosiguió.

-¿Acaso has visto algún hombre que te satisfaga plenamente?. –dijo él convencido de que la respuesta era imposible.

-Todas mis amigas me cuentan que han encontrado a alguien en su vida que las satisfaga plenamente.-dijo ella reprochándoselo.

-Ja !-dijo él burlándose.-Tus amigas son todas unas embusteras. No es posible que un solo hombre en este mundo haga aquello de lo que quereis. No sería humano.

-¿Cómo que no?. Si la naturaleza nos ha previsto de varios orgasmos, es que hay hombres que son capaces de producirlos.

-¿Acaso no te basta con uno de vez en cuando?. Deberías dar gracias de que yo soy capaz de ello. Tus amigas son unas "cotorras".

-No es verdad. Estoy segura de que ellas pueden darme nombres.

-Vamos a ver Yolanda...-hizo una pausa para dejar el cenicero en la mesita que tenía a su derecha, mientras trataba de serenarse-¿Me estas diciendo que quieres probar con otros hombres esa teoría tuya tan descabellada que vas a tirar tres años de nuestra relación a la basura?.

Ella volvió a mirarle con desagrado pero con un cierto aire de perplejidad.

-Tal como van las cosas entre nosotros no estoy segura de nada Emilio.

El se levantó de la cama y se fue hacia el baño.

-Mira...voy a mear y a ducharme y cuando vuelva quiero que estés segura de algo. ¿Me has comprendido?.

Ella ni le miró a la cara, siguió poniendo cara de insatisfecha. Pensó en marcharse mientras se duchaba o intentar arreglar todo lo que se había originado, pero no podía. Era demasiado tarde para él y para sí misma. Así que se vistió rapidamente y salió de la casa de Emilio sin despedirse.

Meses más tarde Yolanda y Emilio se encontraron en la fiesta que dio una amiga de ámbos. Al finalizar Yolanda aceptó que Emilio la llevara a casa en su coche y fueron hablando de cómo les iban las cosas.

-He conocido a Laura. Es una enfermera del Hospital Clínico. Una mujer muy sensible y encantadora.

Ella estaba aterrada puesto que no quería saber nada de aquella relación. Para ella era una puñalada que no se esperaba; sin embargo, no quiso dar la impresión de que le importaba mucho y pensó que debía ser cordial hasta el momento de bajarse del coche y llorar a solas.

-¿Y qué tal os va?-dijo ella diplomáticamente.

-Creo que he tenido suerte Yolanda. Mi ruptura contigo me dejó destrozado y pensé que jamás podria llenar el vacío que eso me produjo.-aprovechó que el semaforo que tenía enfrente estaba en rojo para explayarse más-Mira. Has de saber que yo entonces no comprendía tu actitud ni tus deseos. Para mí es algo que no entiendo porque no soy mujer. Pero sí entendí que tú deseabas ser feliz de algún modo que yo no podía darte.

Ella no pudo aguantar más la emoción y notó un sonrojo en sus mejillas hasta que brotaron las lágrillas por sus ojos, mientras buscó un paquete de kleenex en su bolso.

-Lo siento Yolanda. No sé que he dicho pero lo siento.

Ella, después de secarse los ojos y la nariz, acudió al espejito para restaurar su apariencia anterior. Respiró profundamente y rió.

-Perdóname Emilio. Soy una estúpida terminal.

-¿Qué?. ¿Porqué dices eso?.

-Soy de esas mujeres que su única pasión ha consistido en encontrar al hombre perfecto de su vida, por el que orbitar a su alrededor como un planeta alrededor del sol. Año tras año y vuelta tras vuelta hasta que un día, de pronto, te das cuenta que incluso lo más maravilloso puede convertirse en rutinario.

Emilio seguía sin entender una palabra de aquel discurso y temía que si se lo hacía ver, ella se enfadaría o lloraría o a saber qué nueva emoción resurgiría inesperadamente. Así que prefirió guardar silencio y seguir escuchando con la esperanza de comprender algo lógico para su mente.

-Gracias por traerme a casa Emilio. Espero que seas feliz.

-Yolanda. Te llamaré algún día de estos. ¿De acuerdo?-dijo Emilio antes de que ella cerrase la puerta y saludara con la mano desde el exterior del coche.

Emilio, como siempre no sabía si quería decir sí o no, o quizás.

Ella percibió el silencio que Emilio le obsequiaba y comprendia que lo había dejado mentalmente paralítico, pero no quiso darle importancia y prosiguió.

-Emilio, la única cosa que sé de verdad es que para saber si alguien me quiere de verdad es que siga ejercitando ese enorme campo de gravitación al que estoy acostumbrada, pero tambien te digo que la única manera de que puedo admitir seguir orbitando alrededor de ese hombre, es haber salido de él e intentar probar de orbitar con otros, hasta que esté absolutamente segura.

El coche se debuto junto a la portería del piso de Yolanda.

-Dime una cosa Yolanda. ¿Al final encontraste al hombre mega-orgasmico en tu vida?

-En eso tenías razón. Mis amigas son unas embusteras.-dijo ella mientras abría la puerta del coche.

El notó un alivio satisfactorio en aquella respuesta, lo cual le hizo despertar un sentimiento liberador y agradable, como de aquella canción que uno hace años había dejado de oir.

FIN