Teoría del caos I : De como Marco Agripa causó la Reforma luterana.

 

Autor: kolokao




La muerte de Cesar distó mucho de ser una sorpresa para nadie, y menos para el propio dictador y su familia.
Así, mientras Marco Antonio, Lépido (que mandaba la unidad militar más cercana a Roma en aquel momento) y los senatoriales, tejían un status quo,
La familia quitó al heredero de en medio.

De hecho los Julios mandaron a Octavio a Rodas “a aprender retórica” mientras se aclaraban las cosas. Y la verdad es que el futuro emperador aprovechó el tiempo muy bien.

Cuando el desarrollo de los acontecimientos hizo imperativa la vuelta de Octavio, este no llegó solo a Brindisi, sino en compañía de otros dos amigos de su edad de los que no se separaría nunca: Marco V. Agripa y Cayo C. Mecenas.
En principio aquello parecía un amorío sexual de los acostumbrados en “corrupta” Rodas, pero los hechos posteriores demostraron que aquella amistad era la primera prueba de la proverbial capacidad de Augusto para conocer a los hombres.
Genial economista y amante de las artes (aún llamamos “mecenas” al rico protector de las artes) Cayo C. creó la estructura del poder imperial.

Pero no es Mecenas quien nos interesa en este post, sino Marco Agripa.

Y es que hay personalidades que se revelan planas y carentes de un objetivo definido en la vida, hasta que se encuentran en una guerra. Y entonces descubren que ese es su elemento natural.
Este fue el caso de Agripa. Y guerras no le faltaron. Se reveló como un genial militar y fue un puntal básico de las campañas de Augusto, primero contra los asesinos de Cesar y posteriormente contra los otros dos triunviros.
Ancio y la toma de Egipto fueron lecciones de táctica y estrategia que honrarán el nombre de Agripa por los siglos.
Y la verdad es que Octavio era agradecido. Tanto Mecenas como Agripa hicieron fortunas fabulosas. Mecenas, hombre práctico y bon vivant, invirtió tales riquezas en vivir como Dios antes de ser Cristo, proteger artistas y demás.
Agripa, miles gloriosus en el fondo, decidió invertirlo en hacer aún más imperecedera su gloria construyendo un panteón espectacular. Si vais por Roma, aún podéis verlo. Y quizá pueda ser visto durante unos cuantos milenios más.

Compuesto por un pronaos (la entrada, como dijéramos) , un cuerpo intermedio y una rotonda, lo que más llama la atención es el techado de la rotonda, una cúpula que tiene casi 45m de altura… y los mismos de diámetro.

Y ahora debemos olvidarnos un momento de Marco Agripa y pensar en cúpulas.
El problema de construir una cúpula, es que el peso de los materiales de que está construida “tira” hacia abajo en cada punto de su extensión. Este “tirón se compensa construyendola mediante “gajos” llamados dovelas con una “clave” superior donde coinciden la fuerzas de cada dovela. El problema, claro, es que las dovelas transmiten la tensión estructural “horizontalmente” a los muros que cargan la cúpula.
Para ayudar a los muros a soportar la tensión “horizontal” siempre se han usado arbotantes, contrafuertes y otros ingeniosos medios., pero la solución clásica es hallar un compromiso entre el peso de la cúpula, su superficie y la potencia de los muros de sostén.
En el caso del Panteón de Agripa, el compromiso fue el mejor que se podía conseguir durante más de 1500 años. Unos fuertes muros de sostén de mármol, la acertada disposición de las columnas y la misma estructura de la cúpula, de anchura variable a lo largo de su sección, así como el material escogido para hacerla, piedra pómez, mucho más ligera que el travertino de las paredes posibilitaron que fuese la más grande del mundo durante más de un milenio y medio.

Y además, estaba en Roma, el “capuz mundi”… los herederos de Pedro veían desde su colina como la memoria del pagano Agripa desafiaba su poder espiritual… pero poca alternativa tenían. Sencillamente, no existía manera de acopiar medios similares a los de Marco Agripa ni una tecnología que superase la empleada en la construcción del Panteón.

Y esto fue así hasta bien entrado el siglo XV, que entro en escena un arquitecto genial: Filipo Brunelleschi.

Resulta que en Florencia habían construido una iglesia monumental, la de Santa María de las Flores. La iglesia, de factura gótica estaba hecha desde bastante antes, por otro arquitecto genial, Arnolfo di Cambio, pero tenía un problema.
El problema era que, como sabéis, las iglesias son básicamente una cruz, “memento mori” del supuesto “Redentor”. Los palos de la cruz, son dos naves que se cruzan… y la única manera de techar ese cruce es una cúpula.
Y, como hemos visto, tal cúpula responde a un compromiso entre la resistencia de los muros de sostén a la tracción y el peso de la cúpula.
Y en el caso de Santa Maria de las Flores, los muros de las naves eran demasiado altos como para sostener el empuje horizontal de una cúpula semiesférica tan extensa de cualquier material conocido.
Pues bien, Brunelleshi dio con la solución: una superposición de dos bóvedas esquifadas, octogonales, una dentro de otra, divida en dovelas coincidentes. Esta innovación permitía un reparto de esfuerzos, además de conseguir la sensación de ligereza, ya que permitía que la tensión estructural de cada cúpula descansara sobre la otra, descargando a los muros de sostén del empuje horizontal que tendía a “abrirlos”.

Fue una revolución. Aquella “doble cúpula” no sólo permitió terminar Santa Maria de las Flores, sino que permitía en principio hacer cúpulas mas extensas y más elevadas de las que nunca se habían hecho.

Y recordad que los sucesores de Pedro se la tenían jurada al Panteón de Agripa. Y dicho y hecho: el Papa Julio II allegó fondos y encargó a una serie de arquitectos ( su lista es una lista de genios, Bramante, Rafael, Miguel Angel…) la construcción de una cúpula mucho más alta que la de Agripa (45m era nada para la doble cúpula) y casi tan ancha.

El problema fue la consecución de los fondos. Los estados pontificios daban, vale… pero había que gastar en defenderlos y no daban suficiente ni de coña. Por otra parte, la gestión del diezmo siempre había sido deficiente y servía para poco más que para enriquecer a los obispos locales.

Así que Julio II tiró de bula de indulgencia.

Una “bula” es básicamente una carta papal. La bula de indulgencia es una especie de pagaré religioso, me explico: si pagas determinado dinero, el Papa te permite comer carne en cuaresma o casarte con tu prima… o directamente, si se te ha muerto algún familiar de vida un poco dudosa, si compras, pues le ahorras algunos milenios de purgatorio.
Dado que el gasto de producción lo hace teóricamente Dios, siendo tu único gasto la comercialización y siendo así que los beneficios no tenía el Papa que repartirlos con Dios, que nunca exigía su parte, el beneficio era extraordinario.

Tanto que dieron comienzo las ingentes obras.
Y mientras se llevaban a cabo, en 1510, un monje alemán del monasterio de Erfurt llamado Martín Lutero peregrinó a Roma y vio el gasto aquel. Y no le hizo demasiada gracia.

La cuestión es que cinco o seis años después apareció por Erfurt un dominico, un tal Tetzel. Este dominico estaba comisionado por la Santa Sede para la venta de estas bulas de indulgencia de que hablábamos antes.
Y esto en principio no le pareció nada bien al noble local. Comprar la bula era un gasto pío y razonable que era un buen motivo para reducir el pago de impuestos…
Por otra parte, Lutero veía en aquellas indulgencias una simple estafa…

Fue cuestión de tiempo que uno protegiese al otro y el otro, mediante una secuencia lógica formal notable, demostrase en 95 tesis la naturaleza evidente de estafa que tenían aquellas indulgencias.
Lutero pegó sus 95 tesis en la puerta del castillo (no de la iglesia, ¿pilláis el matiz?) de Wittemberg y se lió la que se lió.

Exsurge domini, dieta de Worms, guerra de los campesinos, guerra de los 30 años… todo eso os lo han explicado en las clases de historia.

Y ahora ya sabéis que fue Marco Agripa el que causó la Reforma luterana.

O Marco Agripa o una mariposa que batió sus alas en Pekín y desató un viento que sopló en contra de las naves de Marco Antonio en Ancio.

A saber.

K.

“De te fabula narratur”


 

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