Neoliberalismos à gogo

 

Autor: Lemuel

 

 1. En Casa Míguel, casi todos los sábados, coincido en la barra con un simpático joven al que llaman Aspirini, pues es dependiente de farmacia. No es propiamente un amigo. El hombre pide siempre su cafelito con leche templada en vaso y sus porras, de los que da pausada cuenta mientras hojea por encima el “Marca”. A mí me saluda siempre muy cariñosamente en cuanto me ve: “¡Hola, Lemu!”, “¿Cómo va eso, tío?”, etc. Por lo visto, le caigo bien a causa sin duda de mi aspecto bondadoso, mi voluntarioso bigote y mi agradable jeta criptomoruna. Lo más característico del hombre este, el Aspirini, es que, según va mirando las páginas futbolísticas, y sin perder nunca la sonrisa ni dejar caer el churro, de vez en cuando exclama para que todos le oigamos: “¡Jo, macho! ¡Cómo está todo!” A lo que luego agrega, precisando conceptos: “¡Está todo podrido, macho!”

Se conoce que el neoliberalismo, con sonrisa a la Aspirini, ha llegado también al fútbol.

2. Hoy, en el papel de don Jesús, viene como principal noticia de portada: “La UE acuerda medidas de control de móviles y mensajes de Internet”.

Cómo progresa incontenible en todos los terrenos el neoliberalismo, oyes. A ejemplo y por el mismo sendero del modelo yanqui, así avanza también en nuestra Vieja Europa. Ojos, oídos y soplones hasta en los armarios y debajo de las camas nos vamos a encontrar. Con la excusa del terrorismo, acabaremos convertidos todos finalmente en unos eficaces chivatos policiacos, en modernos malsines inquisitoriales al servicio del Sistema. Hasta la suegra y los chicos van a terminar, por su lado, siendo sospechosos de pertenecer al entorno del entorno, ya lo veréis.

Lo cierto es que yo, de momento, los “móviles” esos los trabajo casi tan poco como la radiotelevisión, o sea: rien de rien, como diría Edith Piaf. Pero de vez en cuando sí pongo en cambio algún que otro mensaje aquí en la Internet. Y, no nos engañemos, esta noticia de hoy en el papel hemos de tomárnosla como lo que es: como un claro aviso, entre otros, a buena parte de los navegantes internáuticos. En concreto, a aquellos que no comulguemos con las criminales ruedas de molino de este neoliberalismo rampante que tan contentos nos pone a algunos. En lo sucesivo, los incursos en radicalismos y heterodoxias varias habremos de medir muy mucho nuestras palabras, pues, como es sabido, por la boca muere el pez. Los del FAM, en cambio, no tienen de qué preocuparse y pueden seguir poniendo aquí tranquilamente todas las babosadas que se les vayan ocurriendo, pues ellos son gentes buenas, decentes y de la entera confianza del Sistema global.

3. Vi ayer una peli uruguaya buena, pero deprimente. Aunque esto que digo viene siendo ya un innecesario pleonasmo, pues en los tiempos tan desbocadamente neoliberales que nos ha tocado vivir, toda peli buena es más o menos deprimente. De manera que, en mi opinión, hoy en día las pelis pueden clasificarse sencillamente en dos grandes categorías: a) deprimentes y b) con asombrosos efectos especiales. (Mi caso personal de cinéfilo es desesperado, pues las pelis de la segunda categoría me resultan aún mas deprimentes que las directamente deprimentes. A ver qué hago, chicos.)

La deprimente peli uruguaya de la que hablo se llama “Whisky”, y está realizada conjuntamente por Rebella y Stoll. En un deprimente barrio periférico de Montevideo hay un cochambroso y deprimente taller de textiles (¿textilería?) en el que trabajan cuatro o cinco deprimidas mujeres a las órdenes de un deprimente jefe o dueño. Ni dios sonríe nunca espontáneamente a lo largo de la peli, lo cual resulta muy comprensible. Nadie prueba nunca tampoco el alcohol.

¿A qué viene entonces ese título de la peli, “Whisky”? Pues a que en dos ocasiones, en el momento en que a la pareja protagonista les hacen unas fotos, el de la cámara les pide: “Digan “whisky”, por favor.” Así que ellos dicen “whisky” y, al decir “whisky”, ¡sonríen sin querer!

Por lo visto, es el truco que usan los uruguayos del montón para alegrarse un poco de la vida que llevan, diciendo “whisky”. O sea que, a diferencia del que disfrutamos aquí, que es un poco vocinglero, tipo Aspirini, el neo-liberalismo que se lleva por aquellas felices tierras americanas es de una variedad más reposada, seria y ceñuda.

Loado sea, pues, von Hayek. Y todos sus congéneres.