Lenin sobre la religión

 

Autor: Lemuel

 

 Entre los textos leninistas sobre temática ideológica hay uno muy valioso y memorable, fechado en 1908 y que lleva el sorprente titulo Liev Tolstoi, espejo de la revolución rusa. En él leemos entre otras cosas lo siguiente:

"Las contradicciones en las obras, en las ideas, en las teorías, en la escuela de Tolstoi son verdaderamente flagrantes. De un lado, es un artista genial, que no solo ha producido cuadros incomparables de la vida rusa, sino obras de primer orden en la literatura universal. De otro lado, (...) es un "tolstoiano", es decir, ese baboso gastado e histérico que se llama intelectual ruso y que se da golpes de pecho a la vista del público, diciendo: "Yo soy malo, yo soy vil, pero trato de auperfeccionarme moralmente; ya no como carne, y ahora me alimento con albóndigas de arroz." De un lado, una crítica implacable de la explotación capitalista, la denuncia de las brutalidades del gobierno, de esa comedia que son la justicia y la administración públicas (...); de otro lado, la prédica fanática de "no oponerse al mal por la violencia". De un lado, el realismo más lúcido, que arranca todas y cada una de las caretas; de otro lado, la propaganda de una de las cosas más repugnantes que existen bajo la capa del cielo, a saber: la religión..."

Cualquiera que conozca, entre otras cosas suyas, la admirable novela de Liev Tolstoi titulada Resurrección entiende perfectamente la justeza de esas crudas palabras de Lenin. Y es que la religión cristiana en su versión "ortodoxa", profesada también por el gran Tolstoi, era uno de los factores ideológicos o "espirituales" más efectivos utilizados por el zarismo para el embrutecimiento y la esclavización del pueblo ruso, hundido en su mayor parte en una miseria material y moral verdaderamente indescriptible. No es exagerado decir que lo mejor de la literatura rusa, de Pushkin a Chéjov y Gorki, pasando por Gógol, Dostoievski y la mayor parte de todos los demás asombrosos autores intermedios, hunde sus raíces en ese mundo alucinante de seres impotentes, "humillados y ofendidos", que acaban siempre buscando un consuelo imaginario a sus desgracias en el opio religioso.

Ahora bien, ¿qué es lo que propugnaban Lenin y los bolcheviques para combatir la brutal enajenación religiosa de las masas populares rusas? Si se formula esta pregunta a cualquier persona influida por la propaganda anticomunista al uso, responderá invariablemente: propugnaban la persecución religiosa, el cierre inmediato de las iglesias, la prohibición de las creencias, el encarcelamiento de los creyentes. Y hay que decir que, aunque hubo bastante de eso en los largos años de plomo del "padrecito" Stalin, semejante política represiva era ajena por completo a los principios del marxismo acerca de la dialéctica histórica entre base y sobrestructura. Veamos en efecto cuál fue siempre la posición de los bolcheviques, tal como la exponía Vladímir Ilích Lenin en 1905, en su artículo "El socialismo y la religión":

"La religión debe ser declarada asunto privado: es costumbre expresar corrientemente con estas palabras la actitud de los socialistas ante la religión. Pero hay que determinar con exactitud el significado de estas palabras para que no puedan dar origen a ninguna confusión. Reclamamos que la religión sea un asunto privado con respecto al Estado, mas en modo alguno podemos considerar la religión asunto privado con respecto a nuestro propio partido. (...) Cada cual debe tener plena libertad de profesar la religión que prefiera, o de no profesar ninguna (...) Es intolerable por completo cualquier diferencia de derechos entre los ciudadanos según sus creencias religiosas. (...) Exigimos la completa separación de la Iglesia y el Estado para luchar contra el oscurantismo religioso con un arma puramente ideológica y solamente ideológica: con nuestra prensa y nuestra palabra. (...) Pero, al hacer eso, no debemos caer de ninguna manera en el planteamiento abstracto, idealista, del problema religioso "a partir de la razón", al margen de la lucha de clases. (...) Sería absurdo pensar que en una sociedad basada en la opresión y el embrutecimiento infinitos de las masas obreras se pueden disipar los prejuicios religiosos por medio de la prédica escueta. Sería estrechez burguesa olvidar que la opresión religiosa sobre el género humano es solo producto y reflejo de la opresión económica en el seno de la sociedad. (...) Y en este régimen político, limpio del moho medieval, el proletariado desplegará una lucha amplia y abierta para suprimir la esclavitud económica, auténtica fuente del embaucamiento religioso de la humanidad."

He ahí una política de principios, basada en la teoría marxista de la preeminencia de la base económica de la sociedad sobre su sobrestructura espiritual, es decir, en la determinación en última instancia de la sobrestructura por la base material. Tras la muerte de Lenin, tanto en la URSS como en los demás países del llamado "socialismo real" esta política marxista fue, como es sabido, relegada al olvido. En vez de poner el acento en la lucha contra las condiciones materiales de la enajenación ideológica, el estalinismo deplegó contra la religión un conjunto de medidas de carácter represivo. En vez de combatir el oscurantismo y la irracionalidad "mediante nuestra prensa y nuestra palabra", como quería Lenin, se implantó un clima de creciente intolerancia dogmática y de burdo anticlericalismo pequeñoburgués. Las consecuencias de esta y otras muchas tergiversaciones del marxismo, es decir, de este abandono del marxismo y del leninismo, son de sobra conocidas por todos.