S í n t e s i s
Sócrates
enseñaba que la virtud (areté) era conocimiento. Si el zapatero
quería ser buen zapatero (tener la areté del zapatero) debía
conocer primero qué es un zapato, para qué se usa, cuál
es su fin, el propósito que tiene el hombre cuando lo usa; conocido esto,
hay que pensar qué forma debe tener el zapato y de qué materiales
debe estar hecho; conocido esto, hay que pensar cuál es el mejor método
de fabricarlo, qué habilidades hay que desarrollar para hacerlo bien.
Cuando se tienen todos estos conocimientos y se han conseguido las habilidades
requeridas, se tiene la areté del zapatero. Hoy decimos que tal persona
"entiende de zapatería" o "entiende de electricidad"
y lo que está en nuestras mentes es lo que estaba en la de Sócrates
cuando enseñaba que la areté era conocimiento.
Con el ejemplo de los oficios útiles y cotidianos enseñaba que
la areté de cualquier actividad o posición comienza por conocer
su propósito.
Ahora bien, si se trata de la areté de todo hombre -de la que pretendían
ser maestros los sofistas- Sócrates insistía que había
que comenzar por el conocimiento del fin o propósito del hombre -no como
general o político o panadero- sino simplemente como hombre, e invitaba
a los que conversaban con él a pensar juntos cuál es el objeto
del ser humano.
Tan convencido estaba Sócrates de que la areté era conocimiento
que le parecía evidente que si los hombres llegaban a entender qué
era el bien o lo justo escogerían el bien y lo justo. Nadie escogería
conscientemente el mal. Los que escogen el mal lo hacen por ignorancia. Si un
panadero hace mal pan es porque no sabe hacer pan y no porque quiere hacer mal
pan.
A Sócrates le preocupaba la ligereza con que se usaban las palabras en
la vida normal, en especial las palabras que pretendían expresar nociones
éticas, como justicia, templanza, valor, etc. Cada quien parecía
usarlas en un sentido diferente produciendo una grave confusión intelectual
y moral. ¿Cómo dar con el sentido verdadero de sabiduría,
de justicia, de bondad?
El primer paso era reconocer la propia ignorancia. Repetía en sus conversaciones
que no sabía nada, pero que era más sabio que los demás
porque estaba consciente de su ignorancia mientras los otros creían saber.
Quien cree saber no se esfuerza en buscar la verdad. El primer paso hacia la
verdad es barrer de la mente los prejuicios, las ideas incompletas, los errores
que generalmente llenan las cabezas de la gente y no dan lugar a la verdad.
Hecha la limpieza, el camino queda abierto.
¿Cómo se avanza ahora? De lo particular a lo universal. Si se
está hablando de justicia y se quiere saber qué es justicia, la
primera etapa de la averiguación consiste en recoger ejemplos de casos
particulares en los que los presentes concuerdan en afirmar que allí
se obró con justicia. La segunda etapa es examinar estos casos particulares,
compararlos entre sí, ver sus diferencias, ver sus cosas comunes, hasta
ir dando con la cualidad -común a todos- que nos hace afirmar que en
cada uno de esos casos hubo justicia. Esa cualidad común es la esencia
de la justicia, su definición. Ha sido abstraída de los casos
particulares por la mente humana y gracias a un poder que sólo la mente
humana posee.