S í n t e s i s




John Stuart Mill , el heredero intelectual del movimiento utilitarista en Inglaterra, se dedicó a clarificar las enseñanzas de su padre, James Mill, y las de Jeremy Bentham. En su Autobiografía, una historia de su "desarrollo moral e intelectual", John Stuart Mill describe el exigente "experimento educativo" al que fue sometido por su padre, de los tres a los catorce años. A la edad de tres años, estudió griego y aritmética; a los ocho, agregó latín a su currículo, y cuando cumplió doce años, lógica, filosofía y teoría económica. Su entrenamiento, sin embargo, no fue nunca un ejercicio de memorización, sino que estaba diseñado para producir un pensador original.

A diferencia de la mayoría de los filósofos, John Stuart Mill no se propuso generar una teoría ética, sino defender la teoría ética en la cual nació. En su defensa, sin embargo, su profundidad intelectual y su deseo interior de encontrar una ética que diera cuenta de los hechos de la vida lo condujo a modificar y a ir más allá de la doctrina utilitarista que era defendida por su padre y por Jeremy Bentham. Bentham basaba su filosofía utilitarista en el principio de que el objetivo de la moral es la promoción de la mayor felicidad para el mayor número de personas. Se fundamentaba en la premisa deque la felicidad de cualquier individuo consiste en un balance favorable de los placeres sobre los dolores. Consecuentemente, aquellas acciones que tendieran a incrementar el placer eran llamadas buenas, y aquellas que tendieran a incrementar el dolor, malas. Para Bentham, sin embargo, el utilitarismo era menos importante como sistema ético que como soporte filosófico para la legislación social.

En el sistema ético de Mill, las sanciones están enraizadas en el motivo hedonista, esto es, las reglas morales son reconocidas y obedecidas en virtud de la anticipación de placeres o de dolores. Existen sanciones “internas” y “externas”. Las externas son aquellas fuerzas de premio y castigo en el universo alrededor de nosotros que controlan las acciones de las personas a través del miedo al dolor y de su propensión al placer. Por ejemplo, en nuestra sociedad, el miedo a la desaprobación social y a la prisión son disuasivos del crimen. Pero –advierte Mill–, la conformidad con la letra de la ley en presencia de tales sanciones externas no debe ser tomada como signo de un auténtico sentido de obligación moral: la última sanción moral debe proceder del interior.

La fuerza de una sanción interna deriva del sentimiento de placer que se experimenta cuando una ley moral es obedecida, y el sentimiento de dolor que acompaña a su violación. Que el principio de la mayor felicidad puede ser sancionado desde dentro, es atestiguado por la observación. En algunas personas, al menos –sostiene Mill–, el sentimiento de simpatía por otros está tan bien desarrollado que la felicidad del individuo depende del bienestar de los otros. Así, por medio de la doctrina de las sanciones internas, Mill está en capacidad de reconciliar la teoría psicológica según la cual la gente desea su propia felicidad con la teoría moral que dice que uno debe actuar para servir al bien común.

Sin embargo, Mill reconoce que su argumento en soporte de las sanciones no constituye una demostración lógica del principio de la mayor felicidad para el mayor número. De hecho, él arguye que ino es posible dar ninguna prueba directa de ningún primer principio o fin último, y que el problema de la prueba en realidad se reduce al problema del asentimiento racional:

El carácter de prueba mediante razonamiento es algo común a todos los primeros principios, tanto por lo que se refiere a las primeras premisas de nuestro conocimiento como a las concernientes a nuestra conducta. Sin embargo, las primeras, siendo cuestiones fácticas, pueden ser objeto de una apelación directa a las facultades que juzgan de los hechos, a saber nuestros sentidos y nuestra conciencia interna...

"La única prueba de que un sonido es audible es que la gente lo oiga. Y, de modo semejante, respecto a todas las demás fuentes de nuestra experiencia. De igual modo, entiendo que el único testimonio que es posible presentar de que algo es deseable es que la gente, en efecto, lo desee realmente. Si el fin que la doctrina utilitarista se propone a sí misma no fuese, en teoría y en la práctica, reconocido como fin, nada podría convencer a persona alguna de que era tal cosa. No puede ofrecerse razón alguna de por qué la felicidad general es deseable excepto que cada persona, en la medida en que considera que es alcanzable, desea su propia felicidad. (Utilitarismo, Cap. IV)."

 


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