E l C a p i t a l
L I B R O P
R I M E R O ( F r a g m e n t o d e l a s e c c i ó
n p r i m e r a )a
Los
dos factores de la mercancía: valor de uso
y valor (sustancia del valor, magnitud del valor)
La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción
capitalista se presenta como un "enorme cúmulo de mercancías",
[1] y la mercancía individual como la forma elemental de esa riqueza.
Nuestra investigación, por consiguiente, se inicia con el análisis
de la mercancía.
La mercancía es, en primer lugar, un objeto exterior, una cosa que merced
a sus propiedades satisface necesidades humanas del tipo que fueran. La naturaleza
de esas necesidades, el que se originen, por ejemplo, en el estómago
o en la fantasía, en nada modifica el problema [2]. Tampoco se trata
aquí de cómo esa cosa satisface la necesidad humana: de si lo
hace directamente, como medio de subsistencia, es decir, como objeto de disfrute,
o a través de un rodeo, como medio de producción.
Toda cosa útil, como el hierro, el papel, etc., ha de considerarse desde
un punto de vista doble: según su [44] cualidad y con arreglo a su cantidad.
Cada una de esas cosas es un conjunto de muchas propiedades y puede, por ende,
ser útil en diversos aspectos. El descubrimiento de esos diversos aspectos
y, en consecuencia de los múltiples modos de usar las cosas, constituye
un hecho histórico [3]. Ocurre otro tanto con el hallazgo de medidas
sociales para indicar la cantidad de las cosas útiles. En parte, la diversidad
en las medidas de las mercancías se debe a la diferente naturaleza de
los objetos que hay que medir, y en parte a la convención.
La utilidad de una cosa hace de ella un valor de uso [4]. Pero esa utilidad
no flota por los aires. Está condicionada por las propiedades del cuerpo
de la mercancía, y no existe al margen de ellas. El cuerpo mismo de la
mercancía, tal como el hierro, trigo, diamante, etc., es pues un valor
de uso o un bien. Este carácter suyo no depende de que la apropiación
de sus propiedades útiles cueste al hombre mucho o poco trabajo. Al considerar
los valores de uso se presupone siempre su carácter determinado cuantitativo,
tal como docena de relojes, vara de lienzo, tonelada de hierro, etc. Los valores
de uso de las mercancías proporcionan la materia para una disciplina
especial, la merceología [5]. El valor de uso se efectiviza únicamente
en el uso o en el consumo. Los valores de uso constituyen el contenido material
de la riqueza, sea cual fuere la forma social de ésta. En la forma de
sociedad [45] que hemos de examinar, son a la vez los portadores materiales
del valor de cambio.
En primer lugar, el valor de cambio se presenta como relación cuantitativa,
proporción en que se intercambian valores de uso de una clase por valores
de uso de otra clase [6], una relación que se modifica constantemente
según el tiempo y el lugar. El valor de cambio, pues, parece ser algo
contingente y puramente relativo, y un valor de cambio inmanente, intrínseco
a la mercancía (valeur intrinsèque) [7] es exactamente tanto como
lo que habrá de rendir." [27], [8] pues, sería una contradictio
in adiecto [contradicción entre un término y su atributo]. Examinemos
la cosa más de cerca.
Una mercancía individual, por ejemplo un quarter [a] de trigo, se intercambia
por otros artículos en las proporciones más diversas. No obstante
su valor de cambio se mantiene inalterado, ya sea que se exprese en x betún,
y seda, z oro, etc. Debe, por tanto, poseer un contenido diferenciable de estos
diversos modos de expresión [b].
Tomemos otras dos mercancías, por ejemplo el trigo y el hierro. Sea cual
fuere su relación de cambio, ésta se podrá representar
siempre por una ecuación en la que determinada cantidad de trigo se equipara
a una cantidad cualquiera de hierro, por ejemplo: 1 quarter de trigo = a [46]
quintales de hierro. ¿Qué denota esta ecuación? Que existe
algo común, de la misma magnitud, en dos cosas distintas, tanto en 1
quarter de trigo como en a quintales de hierro. Ambas, por consiguiente, son
iguales a una tercera, que en sí y para sí no es ni la una ni
la otra. Cada una de ellas, pues, en tanto es valor de cambio, tiene que ser
reducible a esa tercera.
Un sencillo ejemplo geométrico nos ilustrará el punto. Para determinar
y comparar la superficie de todos los polígonos se los descompone en
triángulos. Se reduce el triángulo, a su vez, a una expresión
totalmente distinta de su figura visible: el semiproducto de la base por la
altura. De igual suerte, es preciso reducir los valores de cambio de las mercancías
a algo que les sea común, con respecto a lo cual representen un más
o un menos.
Ese algo común no puede ser una propiedad natural --geométrica,
física, química o de otra índole-- de las mercancías.
Sus propiedades corpóreas entran en consideración, única
y exclusivamente, en la medida en que ellas hacen útiles a las mercancías,
en que las hacen ser, pues, valores de uso. Pero, por otra parte, salta a la
vista que es precisamente la abstracción de sus valores de uso lo que
caracteriza la relación de intercambio entre las mercancías. Dentro
de tal relación, un valor de uso vale exactamente lo mismo que cualquier
otro, siempre que esté presente en la proporción que corresponda.
O, como dice el viejo Barbon: "Una clase de mercancías es tan buena
como otra, si su valor de cambio es igual. No existe diferencia o distinción
entre cosas de igual valor de cambio" [9]. En cuanto valores de uso, las
mercancías son, ante todo, diferentes en cuanto a la cualidad; como valores
de cambio sólo pueden diferir por su cantidad, y no contienen, por consiguiente,
ni un solo átomo de valor de uso.
Ahora bien, si ponemos a un lado el valor de uso del cuerpo de las mercancías,
únicamente les restará una propiedad: la de ser productos del
trabajo. No obstante, [47] también el producto del trabajo se nos ha
transformado entre las manos. Si hacemos abstracción de su valor de uso,
abstraemos también los componentes y formas corpóreas que hacen
de él un valor de uso. Ese producto ya no es una mesa o casa o hilo o
cualquier otra cosa útil. Todas sus propiedades sensibles se han esfumado.
Ya tampoco es producto del trabajo del ebanista o del albañil o del hilandero
o de cualquier otro trabajo productivo determinado. Con el carácter útil
de los productos del trabajo se desvanece el carácter útil de
los trabajos representados en ellos y, por ende, se desvanecen también
las diversas formas concretas de esos trabajos; éstos dejan de distinguirse,
reduciéndose en su totalidad a trabajo humano indiferenciado, a trabajo
abstractamente humano.
Examinemos ahora el residuo de los productos del trabajo. Nada ha quedado de
ellos salvo una misma objetividad espectral, una mera gelatina de trabajo humano
indiferenciado, esto es, de gasto de fuerza de trabajo humana sin consideración
a la forma en que se gastó la misma. Esas cosas tan sólo nos hacen
presente que en su producción se empleó fuerza humana de trabajo,
se acumuló trabajo humano. En cuanto cristalizaciones de esa sustancia
social común a ellas, son valores [c].
En la relación misma de intercambio entre las mercancías, su valor
de cambio se nos puso de manifiesto como algo por entero independiente de sus
valores de uso. Si luego se hace efectivamente abstracción del valor
de uso que tienen los productos del trabajo, se obtiene su valor, tal como acaba
de determinarse. Ese algo común que se manifiesta en la relación
de intercambio o en el valor de cambio de las mercancías es, pues, su
valor. El desenvolvimiento de la investigación volverá a conducirnos
al valor de cambio como modo de expresión o forma de manifestación
necesaria del valor [d], al que por de pronto, sin embargo, se ha de considerar
independientemente de esa forma.
Un valor de uso o un bien, por ende, sólo tiene valor porque en él
está objetivado o materializado trabajo abstractamente humano. ¿Cómo
medir, entonces, la magnitud [48] de su valor? Por la cantidad de "sustancia
generadora de valor" --por la cantidad de trabajo-- contenida en ese valor
de uso. La cantidad de trabajo misma se mide por su duración, y el tiempo
de trabajo, a su vez, reconoce su patrón de medida en determinadas fracciones
temporales, tales como hora, día, etcétera.