B i o g r a f í a
KARL MARX (Tréveris, ciudad de la Prusia renana, 5 de mayo de 1818 - Londres, 1883)
Su
padre, Herschel Levi, de ascendencia judía adoptó en su juventud
los ideales de la Ilustración. Se apartó de su familia y cambió
su apellido por el del Marx y comenzó una nueva vida. Se dedicó
al ejercicio de la abogacía y no le iba mal cuando, tras las leyes antisemistas
de 1816, se vio “obligado” a bautizarse en la Iglesia luterana en
1817.
Herschel Marx, consciente de que su hijo Karl era de inteligencia lúcida
y carácter difícil, consiguió establecer una buena relación
con él y ejerció una gran influencia en su desarrollo intelectual.
Su madre, Henrietta Pressburg, pertenecía a una familia de judíos húngaros establecida en Holanda, donde su padre era rabino. Era una mujer ocupada totalmente de las tareas domésticas y carente de formación alguna. Nunca comprendió a su hijo Karl llegando a perder el contacto con él durante sus últimos años de vida.
Las relaciones con sus hermanos, Karl era el segundo de ocho, no fueron tampoco afortunadas, salvo con su hermana mayor Sophie por la que mostró afecto durante su niñez.
Realizó
sus estudios de secundaria en su ciudad donde, sin tener dificultad alguna,
mostró una clara inclinación hacia la literatura y el arte. Esta
tendencia era debida tanto a la influencia de su padre como a la de un amigo
y vecino de la familia, Freiherr Ludwidg von Westphalen.
Marx recordará durante toda su vida como von Westphalen le alentaba a
leer y le prestaba libros y de manera especial, la impronta que dejaron el él
los paseos que daba con su futuro suegro por los bosques cercanos en los que
hablaba al joven Marx de Esquilo, Cervantes, Shakespeare, etc., recitando pasajes
de estos autores de memoria.
A
los 17 años (1835) comenzó estudios de Derecho en la Universidad
de Bonn. Asistió a cursos de conferencias sobre Homero –dictadas
por Schlegel-, mitología, poesía latina y arte moderno. Desempeñó
un activo papel en la sociedades de la Universidad, escribió poemas al
estilo de Byron y llevó una vida ciertamente “alegre”. De
hecho, llegó a contraer deudas y fue arrestado por la policía
acusado de conducta desordenada
En 1836 abandonó Bonn para trasladarse a la Universidad de Berlín dominada por la filosofía hegeliana.
Asistió
allí a las clases de Savigny, teórico y fundador de la Escuela
Histórica de Jurisprudencia, durante dos cursos aprendiendo la importancia
de la recopilación minuciosa de hechos para poder establecer tesis generales
en la investigación histórica.
También fue alumno del principal oponente de Savigny, Gans, profesor
de derecho penal, del que asumió la importancia de la crítica
racional, libre de tapujos sentimentales y de añoranzas del pasado.
Al
principio de su estancia berlinesa manifestó un profundo repudio por
la filosofía hegeliana y pasó largas noches de insomnio y días
de una gran lucha interior intentando erigir un sistema antagónico. Su
tensión interior le hizo caer enfermo y le obligó a abandonar
Berlín para reponerse.
A su vuelta a Berlín, su tensión interior seguía patente.
Frente a los consejos de su padre, que le invitaba a centrarse en su carrera
y a abandonar las inútiles especulaciones metafísicas en las que
estaba sumido, se introdujo a fondo en el estudio de la obra de Hegel que leyó
día y noche. Al cabo de tres semanas se había convertido en un
ferviente discípulo de Hegel.
Selló
su conversión al hegelianismo afiliándose al Doktorclub, grupo
de intelectuales universitarios que se reunía en cervecerías y
que profesaban odio a la monarquía, a la Iglesia y a la burguesía;
y que comentaban incansablemente asuntos de la filosofía hegeliana; en
especial, de su teología. Allí conoció a los hermanos Bauer
(Bruno, Edgard y Egbert), a Köppen (uno de los principales estudiosos del
lamaísmo tibetano) y a Max Stirner.
Abandonó los estudios de Derecho para dedicarse a la Filosofía.
Quiso llegar a ser profesor de filosofía en una de las universidades
del país y concibió, junto con Bruno Bauer, la idea de una violenta
campaña a favor del ateísmo frente a los hegelianos timoratos
que jugaban a favor y en contra del orden establecido. Esta idea cristalizó
en un escrito anónimo contra Hegel, supuestamente escrito por un piadoso
luterano que acusaba al filósofo de ateísmo y subversión
del orden público y la moralidad vigentes. Acompañada de abundantes
citas del filósofo. El escrito provocó una fuerte conmoción
hasta el punto de que, tras descubrir quienes eran sus autores, Bruno Bauer
fue destituido de su cargo como profesor universitario.
En este tiempo Marx frecuentaba los salones sociales y literarios. Allí
conoció a Bettina von Arnim, amiga de Beethoven y Goethe, que se sintió
atraída por la audacia y talento del joven. También escribió
un diálogo filosófico, compuso un fragmento de tragedia al modo
de Byron y escribió varios volúmenes de mala poesía dedicados
a Jenny von Westphalen, hija del viejo amigo familiar, con la que se había
comprometido en secreto. En 1837 pidió su mano obteniendo el consentimiento
del padre, a pesar de la oposición de toda la familia.
Así hubiera seguido, de no acaecer la muerte de su padre en 1841 del que dependía económicamente y que sólo pudo dejar recursos económicos suficientes para su madre y sus hermanos menores.
A esto se unió que el ministro prusiano de Educación condenó oficialmente a la izquierda hegeliana y consumó la destitución de Bauer. A consecuencia de ello, se le cerraba cualquier posible futuro académico universitario.
Se vio obligado a buscar otra ocupación que le llegó pronto gracias a uno de sus más fervientes admiradores, Moses Hess, predicador entusiasta de una sociedad internacional cimentada en una base racional, económica y colectivista. (Hess convirtió a Engels a las ideas comunistas).
Hess
había logrado persuadir a un grupo de industriales liberales de Renania
para que financiaran la publicación de un diario radical que recogería
artículos económicos y políticos contra el gobierno de
Berlín. Así, comenzó a editarse en colonia el Rheinische
Zeitung (Gaceta Renana)
Marx fue invitado a escribir en dicha publicación con una cierta regularidad
hasta que, diez meses después, se convirtió en su director. Al
asumir la dirección, el diario viró desde un moderado liberalismo
a un radicalismo violento convirtiéndose en la publicación más
hostil al Gobierno. Tras varios intentos de cierre e ingeniosas escaramuzas,
por parte de Marx, que conseguían burlar la labor de los censores, fue
finalmente cerrado, en abril de 1843, al publicar un artículo contra
el zar Nicolás I que él mismo leyó y, como principal aliado
de Prusia, exigió el cierre de la publicación liderada por Marx.
Durante este tiempo, no se había limitado a la dirección del Rheinische Zeitung, sino que había aprendido francés leyendo las obras de los socialistas franceses: Fourier, Proudhon, Dézami, Cabet y Leroux. También se había empapado en la historia de Francia y Alemania, leído El Príncipe de Maquiavelo y sumido en la historia del arte antiguo y moderno a fin de demostrar el carácter revolucionario de las categorías hegelianas
Obtuvo el grado de doctor en la Universidad de Jena, en 1842, con una tesis plenamente hegeliana acerca del contraste entre las tesis de Demócrito y Epicuro. Dedicó su tesis doctoral a von Westphalen.
En 1843 leyó un libro que acababa de publicarse y que afectó su pensamiento de manera seria: Principios de la filosofía del futuro de Ludwig Feuerbach. Más tarde leería la obra más conocida de éste, La esencia del cristianismo. La lectura de Feuerbach le llevó a abandonar su dogmatismo hegeliano.
Se casó con Jenny von Westphalen en abril de 1843 con la oposición de casi toda la familia de ésta.
Trabó amistad con Arnold Ruge, director de un periódico radical en el que Marx había publicado algunos artículos. Ruge se vio obligado a cerrar su diario a causa de la censura y decidió trasladarlo a París. Invitó a Marx a que lo ayudara en la nueva publicación que se denominaría Deutsch-Französiche Jarhbücher (Anales Fracoalemanes).
Marx aceptó, trasladándose, junto con su mujer, a París en noviembre de 1843.
Su actividad intelectual se centró en este tiempo en la búsqueda de las causas del fracaso de la Revolución Francesa. Para ello, se familiarizó con las doctrinas políticas y económicas de los principales pensadores franceses e ingleses (Quesnay, Adam Smith, Sismondi, David Ricardo, Say, Proudhon).
A partir de sus lecturas empezó a ver más allá del hegelianismo en el que vivía inmerso. También leyó a Saint-Simon y sus discípulos y a los historiadores liberales (Guizot, Thierry y Mignet). En ellos encontró los elementos materiales del devenir histórico: fundamentalmente, la existencia de clases en continuo conflicto.
En 1844 recibió un encargo de Ruge para publicar un escrito sobre la Filosofía del Derecho de Hegel. Marx lo escribió a principios de dicho año junto con otro ensayo. Así nacieron: Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel y La cuestión judía.
Aunque
aprendió mucho de los reformadores, visionarios y profetas que se reunían
en los cafés de París (Owen, Ledru Rollin, Mazzini, Proudhon,
Blanc) no se sintió atraído por ellos debido a su negación
de la revolución. Los consideraba, en este aspecto, enemigos de la revolución
por lo que había que combatirlos
Sin embargo, se sintió atraído por el partido de los comunistas,
llamados así para distinguirse del partido moderado denominado socialista.
Así como éste estaba compuesto fundamentalmente de intelectuales,
aquél se componía de obreros fabriles y pequeños artesanos
que comprendían la necesidad de una conspiración revolucionaria
que aboliera los privilegios y la propiedad privada. Habían recibido
esta doctrina a través de Blanqui, que a su vez la había heredado
de Buonarrotti, discípulo de Babeuf. Marx admiró la capacidad
organizativa de Blanqui, aunque le consideraba falto de ideas al igual que a
Weitling y Bakunin, a los que conoció también en este tiempo.
Sin embargo, encontró una auténtica comprensión de la situación
en Friedrich Engels al que conoció en París con motivo de la publicación
de algunos artículos económicos en el periódico de Marx.
Aunque
habían tenido una entrevista anterior, no se conocieron realmente hasta
otoño de 1844. Engels había enviado un esbozo de crítica
de las doctrinas de los economistas liberales para que Marx lo publicara en
el Deutsch-Französiche Jarhbücher. Marx lo leyó y le escribió
inmediatamente pidiéndole que se reunieran en París donde encontraron
su afinidad de opiniones sobre los problemas fundamentales. A partir de aquí,
se inició una sólida amistad y una colaboración mutua que
duró hasta la muerte de Marx y que se prolongó en la actividad
posterior de Engels que intentó mantener la pureza del pensamiento de
Marx y extenderlo.
También conoció al poeta Heine y trabó amistad con él.
A este periodo, 1844, se deben los Manuscritos de Economía y Filosofía que nunca publicó.
Fue expulsado de París por el gobierno de Guizot a principios de 1845 a causa de sus artículos en la publicación socialista Vorwärts (Adelante). La orden de expulsión incluía además a Heine, Bakunin, Ruge y algunos otros. Heine y Ruge no fueron expulsados por motivos diversos. Pero sí Bakunin y Marx, a pesar de las protestas de la prensa radical.
Marx se dirigió a Bruselas con su mujer y su hija de un año, Jenny,
donde poco después se le unió Engels.
En Bruselas estableció contacto con las organizaciones de obreros comunistas
alemanes y con socialistas y radicales belgas. Mantuvo correspondencia con miembros
de grupos similares de otros países y estableció una organización
regular para el intercambio de informaciones políticas. Pero se centró
fundamentalmente en concienciar a los obreros alemanes, residentes en Bruselas,
de su misión en la próxima e inminente revolución. Esta
labor la realizó mediante conferencias y la publicación de artículos
en el Deutsche Brusseler Zeitung (Gaceta alemana de Bruselas).
Convencido de que la instauración del comunismo sólo se llevaría a cabo mediante un alzamiento del proletariado se dedicó a intentar crear una organización revolucionaria internacional.
Fue
apoyado en esa intención por la Asociación Educativa de Trabajadores
Alemanes, sita en Londres, que se habían afiliado a una federación
denominada Liga de los Comunistas.
Bajo la guía de Marx la Liga de los Comunistas creció rápidamente
y comenzó a englobar grupos de trabajadores radicales diseminados por
las zonas industriales de Alemania.
La sagrada familia fue una crítica feroz contra los hegelianos de la izquierda –fundamentalmente los hermanos Bauer y Max Stirner- que se publicó en 1845 y que escribió con Engels.
También escribió con Engels, en 1846, una obra voluminosa y caótica que nunca publicó titulada La ideología alemana de la que forman parte las Tesis sobre Feuerbach (1845) que no fueron publicadas hasta 1888.
En
1847, como replica a La filosofía de la miseria de Proudhon, publicó
La miseria de la filosofía.
En este mismo año la sede londinense de la Liga de los Comunistas encargó
a Marx y Engels la redacción de su ideario político. Engels realizó
la primera redacción que fue revisada por Marx y totalmente reescrita.
El escrito se entregó y publicó en 1848 bajo el título
Manifiesto del Partido Comunista.
Tras la publicación de este escrito programático el gobierno belga
expulsó a Marx y a su familia coincidiendo con el estallido de la revolución
en París. Flocon, miembro radical del gobierno revolucionario francés,
invitó a Marx a volver a París y éste aceptó.
La revolución se extendió por toda Europa (Nápoles, Milán,
Roma, Venecia, Berlín, Viena, Budapest). Marx, convencido de que el pueblo
alemán no se había revelado seriamente, decidió dirigirse
a Colonia para iniciar una labor propagandística desde allí.
Convenció
a un grupo de industriales para fundar una nueva revista, surgiendo así,
el Neue Rheinische Zeitung (Nueva Gaceta Renana) cuya difusión alcanzó
a buena parte de Alemania debido a la ausencia de censura.
Tras el fracaso de la revolución en París en junio de 1848 escribió
un artículo incendiario reclamando la revolución del pueblo para
que instaurara una dictadura armada, siguiendo el llamamiento que Blanqui había
hecho desde su prisión francesa. Publicó este artículo
en contra de la opinión de sus mecenas. Su aparición causó
alarma entre los suscriptores y el diario comenzó a perder dinero. Era
el principio del fin.
El gobierno prusiano acabó con todo vestigio revolucionario ordenando
la disolución de la asamblea democrática. Marx, apoyando a la
asamblea, pidió que el pueblo no pagase impuestos. Consecuencia de ello
fue el cierre inmediato del Neue Rheinische Zeitung cuya última edición
se imprimió en letras rojas.
Marx fue arrestado por incitación a la sedición y juzgado en Colonia. Salió absuelto tras pronunciar un largo discurso en el que analizaba la situación política y social de Alemania y el resto de Europa. El presidente del jurado, en su nombre y en el de aquél, le agradeció la interesante e instructiva conferencia a la vez que quedaba libre y sin cargos.
El
gobierno prusiano lo expulsó de Renania en julio de 1849. Se dirigió
a París pero el gobierno no le recibió con agrado. Así,
le ofreció la alternativa de abandonar Francia o retirarse a Morbihan,
en Bretaña.
En el mes de agosto y gracias al dinero que le aportaron sus amigos se dirigió
a Londres donde llegó el 24 de agosto de 1849. Su familia se reuniría
con él un mes después.
Aunque su intención era permanecer en el país durante algunas semanas o meses permaneció allí hasta su muerte.
Comenzó
por establecer contacto con los exiliados alemanes. La decepción de la
revolución de 1848 le convenció de que debía dedicarse
a reunir, organizar y disciplinar a las fuerzas obreras a fin de que estuvieran
dispuestas cuando llegara la crisis decisiva.
Durante los dos primeros años de su estancia londinense transformo la
Neue Rheinische Zeitung en una revista, organizó comités de ayuda
a los refugiados, denunció los métodos policiales en los juicios
de Colonia contra sus amigos y logró la disolución de la Liga
de los Comunistas llegando a constituirse a sí mismo, junto con Engels,
en centro independiente de propaganda.
En este tiempo escribió Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850
(1850) y publicó una recopilación de artículos bajo el
título El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852).
También impartió numerosas conferencias sobre economía política en la Unión Educativa de Obreros Alemanes y mantuvo una incesante correspondencia con los revolucionarios alemanes diseminados por toda Europa.
Su
situación económica era desastrosa. Fue mudándose de un
lado a otro (Chelsea, Leicester Square, Soho) y siempre acosado por sus acreedores.
Su vida cotidiana se concentraba en torno al estudio. Desde las nueve de la
mañana hasta las siete de la tarde se encerraba en la biblioteca del
Museo Británico y seguía trabajando en su casa hasta altas horas
de la madrugada. Fumaba considerablemente lo que le causó frecuentes
ataques de una enfermedad hepática, acompañada de dolorosos abscesos
e inflamación de ojos que le obligaban a suspender temporalmente su trabajo.
Su modo de subsistencia era básicamente a través de la caridad de sus amigos, algo Engels, ocasionalmente algunos socialistas alemanes (Liebknecht o Freiligrath), “prestamos” de su tío Philips desde Holanda, pequeños legados de parientes y algunos honorarios de ocasionales artículos periodísticos.
Como
consecuencia de la penuria económica y de las condiciones de insalubridad
en que vivían murieron en estos años tres de sus hijos: Guido,
Edgar y Franziska.
Su único divertimento en aquellos años duros consistía
en ocasionales excursiones a Hampstead Heath algunos domingos de los meses estivales.
Allí, acompañados de Lenchen Demuth (la asistenta que vivió
siempre con la familia y con la que Marx tuvo en 1851 un hijo, Frederick, a
quien nunca reconoció y que fue criado por Engels) y algún amigo
conversaban, leían, dormían, bromeaban, ... hasta que, a la caída
de la noche, regresaban caminando y cantando canciones patrióticas alemanas
o inglesas.
Durante
este tiempo le fue ofrecida una colaboración semanal en el New York Daily
Tribune que duró diez años y que sirvió para aliviar levemente
su precaria situación económica.
En 1859 publicó Contribución a la Crítica de la Economía
Política donde se encuentra la formulación más clara del
materialismo histórico.
En 1860 la figura de Marx había caído prácticamente en el olvido limitándose su influencia a un estrecho círculo; situación que se modificó a partir de 1864 con la fundación de la Primera Asociación Internacional de Trabajadores (AIT).
La fundación de la AIT fue casual. En 1863 se inauguró en Londres
la gran Exposición de la Industria Moderna. Se dio a los trabajadores
franceses facilidades para visitarla y lo hizo una representación de
éstos, mitad turistas y mitad miembros del proletariado francés.
Acudieron a una reunión con los representantes franceses y, al final
de ella, llegaron a la conclusión de convocar otra reunión en
la que constituyeran una asociación que promoviera la cooperación
económica y política entre los obreros de las distintas naciones
y que, si fuera el caso, realizara una revolución internacional democrática.
Se reunieron en St. Martin’s Hall, Londres, y resolvieron constituir una
federación internacional de trabajadores que destruyera el sistema existente
de relaciones económicas y sustituirlo por otro bajo el cual los obreros
adquirieran la propiedad de los medios de producción y compartieran comunalmente
el fruto de su trabajo.
A
Marx le pareció un intento serio y logró que los artesanos alemanes
residentes en Londres le nombraran su representante en el comité ejecutivo
y cuando se celebró la reunión para votar la constitución,
él se hizo cargo de los procedimientos consiguiendo redactar los estatutos
y el mensaje inaugural. Se aprobó esa constitución, con algunos
añadidos menores y anecdóticos que hacían referencia al
respecto al derecho, el deber, la verdad, la justicia y la libertad.
En 1861 se redujo en número su colaboración semanal con el New
York Daily Tribune hasta que pasó a ser inexistente en 1862. Su situación
económica era tan extrema que solicitó un puesto de oficinista
en una empresa ferroviaria. Su solicitud fue desestimada debido a su letra ilegible.
Si no hubiera sido por el apoyo económico de Engels, no hubiera podido
sobrevivir. El trabajo en la AIT se multiplicaba, pero de él no recibía
remuneración alguna.
Gobernó
la AIT con mano de hierro convencido de que era indispensable un organismo central
de autoridad indiscutida que dirigiera la lucha estratégica a nivel internacional.
Y así lo hizo, hasta que comenzaron a aparecer los problemas.
En 1867 publicó el primer volumen de su obra magna, El Capital. Único
volumen que publicó en vida. (El resto fue publicado por Engels tras
su muerte). Su publicación proporcionó una base ideológica,
claramente definida, al movimiento socialista internacional. A partir de entonces
cualquier movimiento denominado socialista se definió por su posición
frente a las tesis sostenidas en dicha obra.
Su
obra se difundió rápidamente y fue discutida en toda Europa. En
los diez años siguientes fue traducida al francés, inglés,
italiano y ruso.
Los problemas en la AIT se sucedían. Ya Bakunin había intentado
disipar el poder de Marx obligándole a reconocer la existencia de células
nacionales semiindependientes. Pero los problemas se agravaron tras la constitución
de la Comuna de París en 1870.
Los
comuneros comenzaron una campaña de ejecuciones que produjo en el resto
de Europa una profunda consternación y disgusto. Como consecuencia de
ello, la Internacional vaciló en su apoyo a la Comuna. Pero Marx, en
nombre de la Internacional, publicó un escrito titulado La Comuna de
París en el que manifestaba de forma clara su apoyo desdiciéndose,
además, de su doctrina donde, según el Manifiesto, había
que tomar el Estado como paso necesario hacia la instauración del comunismo.
Aquí afirma que, como pretendían los comuneros, hay que destruir
el Estado.
La publicación de dicho escrito produjo un gran desconcierto entre los
miembros de la AIT. A consecuencia de ello, y para evitar males mayores, Marx
salió al paso de todos los reproches y acusaciones aclarando que él
era el único autor del escrito.
De
repente, Carlos Marx –o el “Doctor Terror Rojo”, como se le
conocía popularmente- pasó a ser objeto de odio público
llegando a recibir cartas amenazadoras y a estar su vida en peligro en más
de una ocasión.
Aunque la lluvia amainó, la Internacional no pudo recuperarse del descrédito
obtenido. Así, hasta 1872 no se celebró ninguna reunión.
En ella, los delegados ingleses insistieron en formar una organización
local separada en lugar de estar representados en el Consejo General. Marx interpretó
dicha propuesta como un gesto de rebelión sospechando que detrás
de él se encontraba la mano de Bakunin. Marx, amparado en un asunto financiero
y de amenazas al editor ruso de El Capital -en el que de alguna forma estaba
involucrado Bakunin-, consiguió su expulsión de la Internacional
y además, consiguió trasladar la sede de la AIT a Estados Unidos,
lo que en la práctica, como luego ocurrió de hecho, suponía
su disolución.
En 1875, prácticamente disuelta la Internacional, Liebneckt pactó
con los discípulos de Lasalle en Alemania en una reunión celebrada
en Gotha. Marx reaccionó violentamente a este pacto escribiendo la Crítica
del programa de Gotha que le fue remitida a Liebneckt quien hizo caso omiso.
Dos
años después, 1877, junto con Engels respondieron a Dühring,
profesor alemán que estaba tomando una fuerte posición en la creciente
alianza de Gotha. Dicha obra se debe más a la pluma de Engels que a la
de Marx e iba claramente dirigida contra Liebneckt a fin de recordarle que los
verdaderos socialistas defendían un materialismo no de corte positivista
sino dialéctico.
Los últimos años de su vida los pasó dedicados al estudio.
Se había mudado a Kentish Town, cerca de la residencia de Engels, y vivía
sin problemas económicos gracias que el mismo Engels le mantenía.
Su actividad epistolar con los líderes socialistas de todo el mundo fue
constante y volvió a ser considerado la suprema autoridad intelectual
y moral del socialismo internacional.
Trabó
contacto con los radicales rusos que le impresionaron gratamente. Le pidieron
consejo acerca de si se podía pasar directamente del feudalismo agrario,
en que vivían los campesinos rusos, al comunismo sin tener que pasar
necesariamente por la industrialización. Para responder a esta cuestión
Marx aprendió ruso y se sumergió en su estudio.
Fue visitado también por los jóvenes dirigentes del Partido Democrático
Social alemán (Bebel, Bernstein, Kautsky). Jules Guesde, el fundador
de el Partido Socialdemócrata francés, le pidió que revisara
el programa de su partido. Tuvo relación también con H.M. Hyndman,
fundador de la Federación Social Democrática, que quería
difundir el marxismo en Inglaterra. Pero rompió con él cuando
éste publicó su exposición divulgativa del marxismo titulada
Inglaterra para todos sin hacer mención alguna de él.
Siguió trabajando incansablemente hasta altas horas de la madrugada,
de lunes a sábado. Descansaba los domingos para dedicarlos a su familia.
Su
voracidad por la lectura aumentó hasta el punto de descuidar la labor
literaria. Engels temía que no publicara los dos tomos del Capital pendientes,
como así fue de hecho. También se dedicó a aprender turco
para estudiar las condiciones agrarias del país.
Su mujer, Jenny, murió en 1881 de cáncer y, a partir de aquí,
comenzó su declive definitivo.
En 1882 aquejado de una fuerte pleuresía fue a Argel con la intención de recuperarse pero el clima no le favoreció y recorrió Europa en busca de un clima soleado y seco recalando en París donde permaneció algún tiempo con su hija mayor Jenny que vivía allí.
Regresó
a Londres y, nada más llegar, recibió la noticia de la muerte
súbita de su hija Jenny. Ya no levantó cabeza. Se le desarrolló
un absceso en el pulmón y, el 14 de marzo de 1883, mientras dormía
en su gabinete, sentado en un sillón, murió.
Fue sepultado, junto a su mujer, en el cementerio londinense de Highgate el
17 de marzo. Allí, ante su tumba, Engels pronunció un discurso
(panegírico) en el que, con la exaltación propia del amigo y discípulo,
afirmaba en su frase final: “Su nombre vivirá a través de
los siglos, y con él su obra.