S í n t e s i s

 

Su filosofía es, además de crítica de la filosofía entendida como sistema, tal como la desarrolló Hegel, sobre todo reflexión personal sobre la propia existencia, convencido de que el hombre no puede ser sino cristiano. De la filosofía de Hegel opina que es tan inútil como el castillo que, recién construido, alguien abandonara para vivir en una choza, y no ve en ella traza alguna de la propia individualidad, que es lo que realmente importa al hombre; es creadora, además, de falsas perspectivas de infinitud.«La verdad es la subjetividad», afirma, en Apostilla conclusiva no científica (1846); y el «singular», el individuo, es esencialmente finito y no puede alcanzar un saber total a través de un sistema de ideas; sólo puede acercarse progresivamente a la verdad de la propia existencia, a cuyo término no existe ninguna verdad racional u objetiva, como mero hecho que es de una existencia absurda que sólo cobra sentido si es religiosa. A la constatación de que nadie alcanza aquello que se está obligado a ser, se llega a través de sucesivas aproximaciones, determinadas, según explica en El concepto de ironía (1841), porque el hombre, que es «absoluta negatividad» o imposibilidad de darse sentido a sí mismo, no puede sino ir optando entre posibilidades distintas. Tales aproximaciones son los estadios que describe sobre todo en O lo uno o lo otro (1843), Temor y temblor (1843) y Etapas de un camino de la vida (1845). Son tres: la vida estética, la vida ética y la vida religiosa. El estadio estético está representado por la figura de Don Juan, de Mozart, el seductor que persigue un ideal de vida hedonista y sensual y que, al no reconocer a los demás sino como objetos, tampoco se
realiza como verdadero sujeto. La nueva posibilidad se abre con otra opción: la de la vida ética. La nueva relación con los demás que con ella se inicia la simboliza el matrimonio y el estado de compromisos éticos y de cumplimiento de deberes que impone, que suponen una cierta universalidad. El hombre tiene todavía la posibilidad de un mayor conocimiento de sí mismo en un plano superior: la vida religiosa. Aquella que ejemplifica el sacrificio de su hijo por Abraham: no entiende, pero cree. De la misma manera, el individuo que no entiende la fe y cree se halla ante el absurdo, pero también se descubre a sí mismo como subjetividad, al experimentarse como negación de sí mismo. El paso del segundo al tercer estadio requiere una suspensión total del modo de pensar propio del estadio ético y un salto, que llama «dialéctico», hacia la fe. Todavía le queda al hombre, incluso religioso, la posibilidad de apartarse de la verdad; lo que le espera en el futuro se hace siempre actual en el instante -con «temor y temblor»-, y por eso el hombre permanece siempre en la angustia, que puede traducirse como esperanza del futuro.


© www.filosofia-irc.org