El Metodo Inductivo
El recurso a la experiencia como modo de saber, el amor a la observación pertenecen a la tradición anglosajona. Por su parte, Bacon añadirá a esa herencia el deseo de dominar la naturaleza. Para gobernar la naturaleza es preciso obedecerla (Novum Organum, I, 3). La ciencia al uso se consagra a ordenar las cosas ya conocidas más que a descubrir nuevos procedimientos de invención y de dominio. Abandonado a sí mismo, el entendimiento se convierte en instrumento estéril. Hay que dirigirse a la naturaleza para interrogarla. De la experiencia debe remontarse la razón al establecimiento de una axiomática que interprete las observaciones. Lo que no puede hacer es anticiparse en una explicación de la naturaleza. Interpretación y anticipación son dos modos de enfrentarse con la realidad natural. La anticipación de la naturaleza pasa de los hechos singulares a los axiomas más generales; la interpretación de la naturaleza, verdadero método de acercamiento, pasa de los hechos singulares a los axiomas medios y de éstos a los más generales. La silogística aristotélica procede, en la opinión de Bacon, a deducir de los axiomas más generales los axiomas medios. Este modo de comportarse es deductivo y sin duda apodíctico, pero nada dice de la realidad, se anticipa a ella.
Antes de exponer propiamente su método, en el Novu Organum, se consagra en una "pars destruens" a describir los obstáculos que se han opuesto a un verdadero saber. Una serie de prejuicios, los idola, impiden ver las cosas tal como son.
Hay cuatro grandes clases de ídolos: los idola tribus, propios de la comunidad humana, llevan a considerar que existe entre las cosas una armonía superior a la real, o bien dejan que sea la fantasía la que construya una imagen del mundo. La educación, las costumbres y los casos fortuitos son los que producen idola specus, propios de cada hombre. Los idola fori proceden del exterior y tienen por responsable al lenguaje, lleno de palabras abstractas que no significan nada. Finalmente, los idola theatri se deben a las doctrinas filosóficas dogmáticas ya las demostraciones erróneas.
La inducción tiene como fruto el alcanzar la forma de las cosas. Bacon distingue entre las naturalezas simples o formas de primera clase, que constituyen las cualidades de un cupo, y las naturalezas compuestas o formas específicas como león, roble, etc.; la inducción baconiana, a diferencia de la aristotélica, no procede por simple enumeración. Pretende comprobar mediante sus conocidas "tablas" cómo permanece constante un fenómeno pese a que cambien otros concomitantes, con lo que llega a la conclusión de que ése es la forma tabla de presencia; o bien si un fenómeno incluye o excluye a otro, el incluido o excluido constituirá la forma o no formará parte de ella tabla de ausencia; o bien en qué medida la influencia de un fenómeno, por estar más o menos presente, afecta a otro fenómeno, tabla de grados. Mediante las tablas se alcanza lo que la cosa verdaderamente es, ipsissima res, cómo cambia o "proceso latente", cuál es su estructura en profundidad o "esquematismo latente". Aparecen en el proceso inductivo "instancias" o "hechos privilegiados" desde el punto de vista de la observación científica. Llega a contar hasta 27 tipos. Merecen destacarse los "hechos limítrofes", que muestran la continuidad o discontinuidad naturales, p. ej., la existencia de peces voladores, o los "hechos cruciales", que permiten escoger entre dos soluciones para explicar una naturaleza.
División de las ciencias. En la historia de la clasificación de las ciencias es de gran interés la que establece Bacon, frente a la tradicional, que las dividía por el objeto, propone una división que se atenga a las facultades del hombre. Así, a la memoria corresponden la historia civil y natural, a la imaginación la poesía y a la razón la filosofía.