L ó g i c a  « I n g r e d i e n t i b u s »

 


1.514
Al empezar la Lógica diciendo previamente algunas palabras sobre su manera peculiar de ser, empecemos por la filosofía, que es el género a que pertenece. Boecio llama filosofía no a cualquier ciencia, sino a la que se ocupa de los seres más excelentes; pues no llamamos filósofos a los que tienen cualesquiera conocimientos, sino a aquellos cuya inteligencia penetra las cosas sutiles. Boecio distingue en ella tres especies: la especulativa, que estudia la naturaleza de las cosas; la moral, que considera la bondad de los actos humanos, y la racional, que trata de la argumentación, y a la que los griegos denominan «Lógica». Pero a esta última, según atestigua Boecio, algunos la separaban de la filosofía, y la llamaban, no parte, sino instrumento de la filosofía, porque las demás en cierta manera se mueven (o ejercitan) en ella, al usar de sus argumentos para probar sus propias cuestiones.

Así, si se plantea una cuestión de la filosofía natural o moral, los argumentos se toman de la Lógica. En oposición a ellos, el mismo Boecio dice que no hay ninguna dificultad en que una misma cosa sea instrumento y parte de otra, como lo es la mano respecto del cuerpo. Aun la Lógica misma parece muchas veces ser instrumento de sí misma, cuando, puesta una cuestión que es de su ámbito, la prueba con sus propios argumentos, como ésta: «el hombre es una especie del animal», mas no por ser instrumento de la Lógica, deja de ser Lógica; luego tampoco deja de ser filosofía porque sea instrumento de la filosofía. El mismo Boecio la distingue de las otras dos especies de la filosofía, asignándole un fin propio, que es el de disponer la argumentación. Pues aunque el físico usa de la argumentación, para ello le instruye no la Física, sino la Lógica... (p.1).

1.515 Después, sobre los géneros. Especifica qué cuestiones son esas más subidas, sin resolverlas, sin embargo. Y da la razón de ambas cosas, a saber, de que omite el tratar de ellas, y de que, no obstante, hace mención de ellas. No trata de ellas, porque el lector no iniciado no es capaz de percibirlas. Pero hace mención de ellas, para no crear despreocupación en el lector. Pues si hubiese guardado absoluto silencio sobre ellas, el lector, creyendo que ya no queda nada que investigar, descuidaría por completo su estudio.

1.516 Hay tres cuestiones, en decir de Boecio, recónditas y utilísimas y tocadas por no pocos filósofos, pero por pocos resueltas. Es la primera: si los géneros y las especies subsisten, o están sólo en [las mentes], etc.; como si dijese: si existen verdaderamente, o consisten sólo en que se piensa en ellas. La segunda es: caso de que se conceda que verdaderamente existen, si son esencias, corpóreas o incorpóreas. Y la tercera: si están separadas de las cosas sensibles o residen en ellas. Pues existen dos especies de seres incorpóreos: unos pueden perdurar en su incorporeidad, como Dios y el alma; otros no pueden existir fuera de los seres sensibles en los que se hallan, como la línea sin un cuerpo que le sirva de sujeto.

1.517 Pasa por alto estas cuestiones diciendo: Después, sobre los géneros y espacios, rehusaré el tratar la cuestión de si subsisten, etc., o si son seres subsistentes corpóreos o incorpóreos, y si, dicho que sean incorpóreos, están separados de las cosas sensibles, y las cuestiones con ellas relacionadas.

Esto se puede entender de diversas maneras. Podríamos entender como si dijera: Rehusaré el tratar de esas cuestiones y otras relacionadas con ellas, es decir, con esas tres cuestiones. Se pueden plantear también otras cuestiones que sor, igualmente difíciles, como la de la causa común de la imposición de los nombres universales, cuál pueda ser, atendida la conveniencia de cosas diversas, o también la de la inteligencia de los nombres universales, en la cual parece que no se concibe nada y que no se trata de cosa alguna en el término universal, y otras muchas también difíciles. La cláusula: «y otras relacionadas con ellas», podemos exponerla introduciendo una cuarta cuestión, a saber: si los géneros y especies, mientras lo son, deben tener como sujeto inferior a sí en virtud de la denominación alguna cosa, o si, aun destruidas las cosas denominadas, puede todavía, en virtud del objeto intelectual o concepto que significan, tener vigencia, como, por ejemplo, el nombre «rosa», cuando no existe ninguna de las cosas a las que es común. Pero de esas cuestiones trataremos después detenidamente.

1.518 Pero sigamos ahora con las palabras del proemio. Advertir que con la palabra mox, «después», es decir, en el presente tratado, insinúa de algún modo que el lector espere la solución de estas cuestiones en otro lugar. Pues es altísimo. Añade la causa por la cual renuncia a esas cuestiones: a saber, porque el tratar de ellas es cosa muy ardua por lo que hace al lector que no puede llegar a ellas, lo cual determina a renglón seguido: Y necesitada de mayor estudio. Es decir, que el autor sí que tiene capacidad de resolverla, pero el lector no la tiene para estudiarla. De un mayor estudio, entiendo, que el que tú podrías hacer. Pero aquello: Declarado de qué cosas no va a hablar, dice que de esas cuestiones, es decir, sobre el género, la especie y de las otras tres propuestas, losa antiguos, no por el tiempo, sino por la mentalidad, trataron con probabilidad, esto es, con verosimilitud, de los puntos en `que todos convenían y no había ninguna discusión. Pues en la solución de esas cuestiones unos opinaban de una manera y otros de otra. Boecio recuerda que Aristóteles pensaba que los géneros y especies subsistían tan sólo en los seres sensibles y que se formaba un concepto de ellos fuera (en la mente), y que Platón, en cambio, opinaba que no sólo se los pensaba fuera de las cosas sensibles, sino que también existían fuera de ellas. Y los antiguos de entre ellos, digo, y máxime los peripatéticos, a saber, una parte de esos antiguos; llama Peripatéticos a los dialécticos o a cualesquiera argumentadores... (p.7-8).

© www.filosofia-irc.org